SV del Mes

7 Nov 2017
SV del Mes | Por: Redacción

Sandra Martínez, la salvadoreña que desde los 4 años sabía leer, ahora trabaja como meteoróloga – Noviembre 2017

Siendo originaria de Santa Ana, pero criada desde los dos años en Santa Tecla, Sandra se considera una tecleña de corazón y asegura no poder estar más agradecida con Dios por los padres y la familia que tiene. Es madre, hija, hermana y una meteoróloga de gran trayectoria, conocé a la Salvadoreña del Mes de noviembre.

“He tenido una familia con unos padres ejemplares, unas hermanas que no puedo pedir más. Somos 7 hermanos, dos hijos bellos y mis padres todavía están vivos, los tengo de 90 años casi y han sido un ejemplo de papás; y pesar que fuimos una familia muy humilde, pero mi mamá siempre nos motivó a que fuéramos algo en la vida”.

Cuando estaba muy pequeña, Sandra recuerda que recogió una página de papel periódico y lo comenzó a leer, pero para ese entonces nadie le había enseñado las letras. Lo primero que hizo fue contarle a su mamá, quien no le creyó; pero, cuando llegó el tiempo de ponerla al kínder la maestra mandó a llamar a su mamá.

“Le dijo mirá, sacá la niña del kínder porque ella ya puede leer y me aburre a los demás; vino mi mamá y me sacó del kínder, y me puso en la escuela. Por eso, yo mi bachillerato lo saqué a los 15 años”.

Así mismo, cuenta que era una niña muy hiperactiva, no podía estar quieta y eso la llevaba a hacer dos cosas al mismo tiempo. Esto la llevó a que cuando cursó su bachillerato, también era secretaria ejecutiva bilingüe. “Pero, aparte de eso, siempre he hecho deporte. Tengo mi diploma de reconocimiento de softball y básquetbol, dados por el Ministerio de Educación”.

Aunque no todo fue fácil para Sandra, ya que el director de su instituto la pasó a la nocturna con los adultos, en ese entonces ella tenía 12 años. Según Sandra, “estudié con mucho sacrificio porque de 12 años tuve que hacer la nocturna, porque el director del instituto de día no me quiso aceptar porque decía que yo era muy rebelde. Pero, era porque hacía otras cosas, me gustaba mucho jugar y estaba muy involucrada en los deportes porque sentía que no me costaba”.

Ya cuando estaba en la universidad, Sandra decidió estudiar la licenciatura en idiomas, pero además participar en el equipo de tenis, alpinismo; “yo andaba en todo porque me gustaban los deportes”. A sus 18 años, recuerda que llegó el personal del Servicio Meteorológico Nacional a la Universidad Nacional reclutar a los estudiantes que quisieran trabajar con ellos.

“Fui a hacer un examen, sin tener conectes, ni amigos, ni nada y me mandaron a llamar. De los 30 nos dijeron que nos íbamos a ganar el puesto, porque las plazas solo eran 12. Me sometí a cursos, pruebas y todas las pasé, y así es como comencé. Al principio para mí, solo era como un puente para poder conseguir un trabajo, que aunque estaba muy chiquita, pero ya me sentía con aquel deseo de ayudarles a mis papás”.

Y es que Sandra siempre tuvo el apoyo de sus padres, puesto recuerda que su mamá siempre le aconsejaba que “debíamos de ser algo en la vida más que ella, para que no supiéramos defender y pudiéramos vivir no dependientes de otras personas, sino con nuestras propias decisiones”.

Mientras que, su papá, que era músico, le enseñó con el ejemplo que al amar lo que uno hace, destacar es una obligación. “Él creó la banda regimental de la Guardia Nacional. Pero, aparte de todo eso, creo también y fue parte de la famosa “Praviana” de El Salvador, y creó muchos mariachis aquí en el país. Yo recuerdo donde mi papá se presentaba con la música allá nos llevaba mi mamá para que lo oyéramos”.

Ya dentro del Servicio Meteorológico se dio cuenta para lo que las estaban capacitando y le gustó, tanto así que las cinco mujeres que entraron al curso, solo Sandra se quedó trabajando. Fue que les avisaron que ellos abrirían el área operativa del aeropuerto de El Salvador.

“Nos capacitaron en aeronáutica porque nosotros le íbamos a dar el servicio a las aeronaves de rutas vuelo meteorológicas, de todos los parámetros meteorológicos que necesita un avión para poder, tanto para aterrizar como para despegar”. Cuando Sandra inició con su carrera fueron a estrenar el aeropuerto, haciendo turnos de noche, dando las condiciones de vuelo para que los viajes pudieran ser posibles.

Aunque, en ese momento, Sandra aún seguía en la universidad, ya era el tiempo de la guerra. “Hubo una vez que equivocadamente me subí a un vehículo que creí que era de compañeros, y no era de compañeros. Cuando vi que las personas eran desconocidas y que iban borrachas, y drogadas, abrí la puerta y me aventé. Me fui a un barranco, tenía 22 años, quizás”.

Sin embargo, Sandra asegura que en ese momento unos compañeros pasaron y la reconocieron con las luces del microbús, porque para ese tiempo, las carreteras eran oscuras. “Ahí ya me calmé un poquito que andar en muchas cosas, que el deporte, el trabajo, la universidad y todo, y ya me dediqué solo a esto, a trabajar, este teniendo la visión que dentro de estas áreas uno puede superarse académicamente”.

Luego, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) expandió un programa académico global internacional para los que querían seguir estudiando y Sandra aprovechó para estudiar el “Meteorólogo 3”, que era para ser meteorólogo auxiliar.

Tiro al plato

Edad: 59 años

Ministerio de Medio Ambiente: todo lo relacionado con el ecosistema

El Salvador: mi país, el más bello que he visto

Música favorita: Marchas de banda, mariachis y música clásica.

Hobbie: Colecciono estampillas y hacer manualidades.

De arroz o de maíz: Ambas.

Grupo o cantante favorito: Mercedes Sosa, marchas e himnos

 

 

“Poco a poco fui alcanzando todos los niveles en esto y ¿por qué dijo que me tomó 20 años en hacerlo? Era única mujer en un grupo de 40 hombres, entonces para darme una beca primero pasaba por todos y si nadie la quería, decían: ah va mandemos a esa tal vez dé el ancho. Yo no las desperdiciaba, yo corriendito, hasta conseguía el dinero para irme”.

Ya para el 2005, Sandra llegó a donde soñaba llegar, llegó a la NOAA, donde asegura se encuentran los genios que crean satélites y modelos meteorológicos. “Me costó alcanzarlos, pero ahí estaba yo, como dice la gente, bien cueruda aguantando a tantos señores, pero como me gustaba lo que hacía y la verdad que el servicio que siempre he tratado de brindarle a la gente es decirle cómo aplicarlo en la vida diaria y eso es lo que le ha gustado a la gente”.

Sara agrega: “estoy bien consciente que con mis medios nunca hubiera podido tener una carrera como esta; que aunque es cierto que puse un gran esfuerzo, pero si mi país me formó y aunque pude haberme quedado a vivir en otras partes, porque también se le da la oportunidad a uno por los trabajos que hace, yo siempre dije que tenía que ser útil en mi país con lo que sabía”.

Además, Sandra vivió un año en Guatemala trabajando en el aeropuerto de la Aurora, también ha ido a capacitarse a Costa Rica y fue en España donde sacó el Meteorólogo 2, donde en su último año se especializó en hidrología, en marítima y en aeronáutica. Otros de los países que ha visitado por su trabajo han sido: Portugal, Colombia, Nicaragua, Honduras, México, Estados Unidos, entre otros.

“Una de esas veces que fui a Estados Unidos, el Gobierno de la Florida me invitó a hacer un estudio sobre el agua. Y pasé cinco años dándole servicio a la marina de El Salvador, y fui consultora de CEL y ANDA como parte de mi trabajo del Servicio Meteorológico”. Así mismo, Sandra da charlas ad honorem a escuelas, universidades y con los grupos a los que pertenece.

“Porque yo digo que todo lo que uno hace y duplica con las herramientas de su trabajo ya es corrupción si tú lo cobras, porque es parte de tu trabajo y es parte que tú tienes que demostrar, y divulgar lo que sabes y lo que haces”.

Para Sandra, uno de sus mayores logros es “alcanzar la felicidad que la vida nos propone y que Dios la plasma en su Palabra, en este mundo podemos encontrar la felicidad”. Mientras que, su mayor desafío es transmitir todo lo que sabe a las futuras generaciones y a sus compañeros; “de hecho, eso es lo que hago ahora, trato de transmitirle no solo a mis compañeros, sino que a los chicos nuevos, todo lo que sé y todo lo que ellos pueden alcanzar también para darle continuidad a esto que nunca se va a terminar”.

Ahora, uno de sus hijos ya está casado, pero su hija ya tiene claro lo que tiene que ser y sueña con ser astrónoma. “Aquí sigo (en el Ministerio de Medio Ambiente) mientras me quieran tener, trabajando, me gusta lo que hago, me encanta”.

Por último, Sandra aconseja a los jóvenes que “no es necesario tener dinero, ni los grandes niveles académicos para alcanzar lo que uno quiere ser. No es necesario tener dinero o ser bonito, todo en cuando uno emprenda algo que quiera alcanzar con esfuerzo y voluntad, y a parte con la ayuda de Dios se consigue”.

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