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7 Feb 2017
Sidebar Top | Por: Redacción

Manlio Argueta, el escritor impaciente por relatar la realidad / Febrero 2017

Tiene 81 años, es originario de San Miguel y es considerado uno de los mejores escritores de su época al relatar la realidad nacional con sus obras, ese es Manlio Argueta. ¿Has leído “Un día en la vida”? Te invitamos a que conozcas más sobre el trabajo y obra de su autor a continuación.

Manlio nos comenta que empezó a escribir desde que comenzó a leer y, desde entonces, no ha parado. Hasta el momento, este escritor salvadoreño tiene 7 obras publicadas y alrededor de 150 poemas inspirados en la realidad salvadoreña; aún no se piensa detener porque siempre siente impaciencia por escribir. Tal vez dentro de unos meses podríamos tener en nuestras manos su siguiente obra, asegura Argueta.

Cuando era pequeño, en su natal San Miguel, recuerda siempre haber sobresalido en sus clases y que por eso sus profesores lo sacaban de clases para hacer mandados. Sin embargo, asegura que siempre fue porque leía y lo hacía muy frecuentemente, “además, al ser lector se sabe de ortografía porque la ortografía no se aprende con reglas, yo no cometo errores desde que estoy en segundo grado porque era lector”.

Ya en cuarto grado, Manlio confiesa, que comenzó a escribir poemas y tanto escribía que fundó el periódico “Inquietud” en su adolescencia. “Solo un profesor prestaba atención a mis poemas, de ahí todos decían que traía para matemático y todo eso”, rememora Argueta. Este profesor entonces le dijo a Manlio que publicaría sus poemas en la sección literaria del periódico “El Faro de Oriente” y así lo hizo. “A la semana me dijo que había renunciado porque lo habían castigado por publicar mis poemas”; no obstante, un año después, a sus 19 años, Manlio ganó sus dos primeros premios de poesía en los Juegos Florales organizados por las alcaldías de San Miguel y Usulután.

Este famoso escritor salvadoreña confiesa siempre haber tenido pánico escénico, “que lo he ido superando a través de mis viajes al exterior en la promoción de mi novela. Aprendí un poco a expresarme sin el pánico”. Además, Manlio se describe como una persona perceptiva y de trabajar con la gente humilde, ya que considera que es con la que se siente más a gusto; “incluso, mis novelas son sobre personas humildes”.

Luego, Argueta se vino a San Salvador para estudiar en la universidad y “para mantenerme di clases de matemáticas y álgebra”. “Era un desconocido al que le hacían burla por su forma de hablar y gané dos premios de poesía. Salieron publicados en el periódico y cuando me empiezan a buscar, pensaron que mi nombre era un pseudónimo”. A raíz de esto, Manlio comenta que Roque Dalton y Roberto Armijo le fueron a tocar la puerta de su casa, porque “averiguaron que era un joven como ellos”.

“Roque Dalton me decía que una de mis mayores cualidades era ser muy sincero; ahora, creo que soy un gran lector, tanto que hubo un momento cuando pensaba que más que escritor era lector, y lo dije. Ahora ya no, ahora siento una impaciencia por escribir, por eso yo recibo como una bendición los días de vacaciones, porque es cuando yo trabajo en la literatura”, confiesa Manlio.

Así mismo, recuerda que su madre siempre le aconsejaba que en la vida “no solo hay que ser honrado, sino hay que parecerlo”; además, siempre le brindó todo el apoyo que pudo darle para salir adelante, a pesar de la limitada situación económica en la que vivían en San Miguel.

Manlio también comenta que tuvo algunos problemas, ya que no existían los partidos políticos y él nunca estuvo a favor de la represión que se vivía en esa época. “Fui expulsado cuatro veces del país porque me consideraban de una generación comprometida, que hacíamos concentraciones en el parque y obras de teatro en el Gimnasio Nacional y en el Teatro Nacional. Salíamos de noche de las obras y nos íbamos caminando, vivíamos en un paraíso y en una dictadura militar, aun así nosotros atacábamos la dictadura”, confiesa Argueta.

De la misma manera, Manlio considera que uno de sus logros más importantes ha sido estar en 40 de las universidades de Estados Unidos; así como, haber tenido a su novela “Un día en la vida” traducida en israelí, ruso, hebreo, entre otros idiomas más, y haber hablado de “la tortilla, el chucho y el cipote en una ciudad tan histórica como lo es Núremberg”, la ciudad donde juzgaron a los soldados de la Alemania nazi después de la Segunda Guerra Mundial. Y saber que esa misma obra fue denominada, en Estados Unidos, como la quinta con más impacto social en el Siglo XX.

“Pintura y literatura son letra e imágenes para producir emociones. Él era un niño como muchos otros, todo lo que ha logrado con su obra sin duda alguna inspira” comenta Augusto Crespín, Director de Artes, Teatros y Espacios Escénicos de la Secretaría de Cultura de El Salvador y reconocido artista plástico en El Salvador, quien conoce a Manlio Argueta desde hace más de 30 años.

Manlio detalla: “otras que generaciones que vinieron después, se empezaron a burlar de nosotros. Ustedes son unos soñadores, si no se puede hacer la democracia con los votos, hay que hacerla con el fusil, ese grupito que luego conformaron la guerrilla”.

Entonces, se dio cuenta que con sus poemas no podía hacer mucho, por lo que a sus 28 años se dedicó de lleno a las novelas. Su primera novela sería “El Valle de las Hamacas”, donde ilustraría la realidad salvadoreño de la capital, San Salvador, con sus terremotos, política y desigualdad. Más adelante, comenzó a trabajar en el Editorial Universitario de la Universidad Nacional, aunque los jóvenes no entendían cómo se podría cambiar la realidad de El Salvador solo con palabras. “Fue así como me fui a Costa Rica, mejor me dediqué a escribir y pedí asilo”, recuerda con claridad Manlio.

Cuando estaba en tierra costarricense, Manlio se entera que habían llegado entre 15 a 18 mil refugiados de El Salvador a este hermano país, y decide renunciar a impartir clases en la Universidad de Costa Rica para dedicarse a dar cultura a estos salvadoreños asilados. “Fundé el Instituto Cultural Salvadoreño Costarricense y compré el Teatro Sala de la Calle 15; a través del teatro ayudábamos a grupos alternativos y uno de ellos llegó a representar mi obra, “Un día en la vida”.

Un año después de la firma de los Acuerdos de Paz, en 1993, Argueta regresó a El Salvador y durante siete años fungió como funcionario en la UES hasta que en el 2000 pidió su traslado como Director de la Biblioteca Nacional “Francisco Gavidia” de El Salvador (BINAES). “Ahora estoy aquí en mi mero jugo, los libros, me vine en el 2000 voy a cumplir 17 años hoy en marzo”, explica Manlio.

Como director de la BINAES, Manlio busca “fortalecer el formato digital, porque ya tienen internet inalámbrico, salas de internet gratis y atraer a los jóvenes, a los niños”; mientras que, como escritor desea terminar una obra de su autoría sobre la guerra de los filibusteros que ocurrió en Costa Rica, y que costó la vida del 10% de la población costarricense y muchos salvadoreños que participaron.

Finalmente, Manlio aconseja a los jóvenes que si desean superarse es necesario que lean. “Tienen que leer bastante, no importa si es papel o digital, porque la lectura te da fluidez de pensamiento, conceptualización y sobre todo más tendencia a lo propositivo, a veces tendemos a ser destructivos y eso hay que desecharlo. Puede ser literatura, esta te da conocimientos en valores ¡Imagínate el valor que puede tener en Rusia o Estados Unidos!”, recalca Argueta.

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