SV del Mes

1 May 2018
SV del Mes | Por: Mariana Arévalo

Celina de Sola, la salvadoreña que sabe que trabajando juntos se pueden transformar realidades

A sus 41 años, Celina de Sola es la cofundadora de Glasswing Internacional, junto a su esposo y hermano, y es madre de un hijo de siete años. Conocé más de la vida de esta salvadoreña interesada en la labor humanitaria y de caridad desde los 12 años.

Celina de Sola se describe a sí misma como una persona optimista, con mucha determinación para lograr sus objetivos y afortunada por su familia, y la gente que trabaja a su alrededor, de quiénes ha logrado aprender más sobre la vida y la labor humanitaria.

Según esta salvadoreña, sus padres la criaron, a ella y a sus hermanos, para ser independientes y para tomar en serio la dignidad humana que tiene cada persona. “Nos criamos siempre con ese concepto que realmente toda la gente merece la misma oportunidad, merece tener acceso a las mismas cosas”, asegura Celina.

Para ella, esto fue bien importante, ya que explica que cada uno tiene que hacer algo “para cambiar las circunstancias que ves, tanto en tu vida como en el contexto en general”. Además, Celina asegura le enseñaron a ser congruente de cómo pensaba y actuaba, a decir “estas son las circunstancias ¿qué hacemos al respecto? El cómo corregís cosas o cómo construís a mejorar situaciones laborales, sociales o culturales”.

Tiro al plato

Celina de Sola: mamá

Glasswing: equipo

Esposo: honesto

Comida favorita: pizza

Música favorita: disco

Grupo o cantante favorito: The Beatles y Silvio Rodríguez

Hobbie: animales

 

Recuerda que cuando ella regresaba a El Salvador de vacaciones, con frustración, le preguntaba a su mamá por qué había tanta diferencia entre cómo vivían los salvadoreños. “Ella siempre me dijo mirá, el remordimiento no te sirve de nada, hacé algo. Así de sencillo me decía. Si tú ves ese potencial humano en toda la gente, y existe, hacé algo para cambiarlo”, detalla Celina.

Fue entonces que esta salvadoreña decidió que no era suficiente quedarse paralizada y sentirse mal por todo el sufrimiento en el mundo, sino que había que visibilizarlo y unir esfuerzos con otra gente. También, de sus padres, Celina aprendió que la educación tenía mucho que ver con cosas fundamentales de las personas y no solamente de un tema intelectual.

“Y no es que nos sentábamos a tener conversaciones filosóficas sobre esto, pero era cómo en mi casa, mis hermanos y mis papás, y las interacciones más básicas con personas se trataban con respeto, ese fundamento en la dignidad humana”.

Y para cuando estaba en séptimo grado, en Estados Unidos, una profesora de inglés les puso a leer diferentes escritores, entre ellos Emerson. Y aunque, antes de esto Celina ya se interesaba por las causas sociales como entrega de víveres y demás, empezó a hacer voluntariado más organizado y se dio cuenta que estas acciones generaban un valor intangible para con quiénes trabajaba.

 

Celina comenzó a trabajar como voluntaria en hospitales públicos y olimpiadas especiales, luego participó en la organización Best Buddies International. Después de la guerra civil cuando su familia volvió a El Salvador, al estar en bachillerato, Celina empezó un programa de liderazgo juvenil para prevención de riesgos, que buscaba involucrar a sus compañeros en acción cívica.

Luego, esta salvadoreña se fue a Filadelfia, Estados Unidos, a estudiar en la Universidad de Pennsylvania, donde sacó su carrera y una maestría en Trabajo Social, mientras hacía prácticas con inmigrantes y programas de arte urbano. Después, “trabajé seis años en AmeriCares como encargada de Respuesta Humanitaria, del departamento de Emergencia”, donde “ayudaba a coordinar la ayuda humanitaria que era principalmente para campos de refugiados, materiales principalmente de salud y salud pública”.

Durante este tiempo, Celina ayudó a poblaciones en emergencias nacionales e internacionales y situaciones de riesgo en Irak, Afganistán, Israel, Palestina, África, Liberia, Sudán, Chak y El Salvador durante los terremotos. Así mismo, en otras partes de Latinoamérica como Perú, México, Haití para el tsunami y en Guatemala con la sequía.

“Yo representaba a esa ONG y me tocaba coordinar con ministerios de Salud, de Educación, tenía que sacar permisos porque mandábamos aviones. Coordinaba con los niveles más altos de Gobierno, pero también con líderes comunitarios. Cuando uno está trabajando y a veces vos vas a los tomadores de decisión, y tenés que entender la prioridad de la comunidad”, explica Celina.

Luego, esta salvadoreña renunció a AmeriCares y fue a la Universidad de Harvard a estudiar otra maestría, esta vez en Salud Pública, ya que según comenta “había trabajado en zonas de conflicto, me surgió un interés específicamente en salud mental y trauma. Porque, en estos lugares veía que estábamos atendiendo enfermedades, pero sentí que quería aprender cómo abordar el tema de salud mental y esa exposición a violencia, y esas situaciones tan horribles”.

Al terminar su maestría en la Universidad Harvard, hace 12 años, Celina volvió a El Salvador junto a su esposo y comenzaron a trabajar como consultores, pero con su hermano, Diego, vieron que había una oportunidad. “Empezamos a ver como un nicho y una oportunidad en El Salvador en un contexto bien polarizado, de cómo poder aprovechar lo que habíamos aprendido y seguíamos aprendiendo a nivel técnico de educación y salud, pero también a nivel sistema de cómo trabaja con diferentes sectores”, detalla Celina.

De esta oportunidad nació Glasswing Internacional, que según explica esta salvadoreña, viene del concepto que una comunidad no es solo la gente que vive ahí, sino que la empresa, el Gobierno y las iglesias. “Al final como podíamos nosotros participar o desarrollar para involucrar diferentes actores e ir teniendo un impacto en la educación pública, salud pública, pero usando un mecanismo que reconstruya un tejido social bien dañado”.

Y es que, para Celina, la visión es hacer que la gente se una haciendo funcionar las cosas, ya que se puede hacer más y hay una responsabilidad para hacerlo. “Aunque no estés de acuerdo con alguien, podés trabajar para abordar un reto. No tenemos que ser mejores amigos todos, pero tampoco podemos paralizarnos el uno al otro y que nada pase”.

Fue así como, poco a poco, Glasswing Internacional ha ido creciendo y ahora trabaja a nivel regional; pero, su sede, asegura esta salvadoreña, sigue siendo en El Salvador.

A lo largo de estos años, Celina asegura que ha aprendido “que el liderazgo se trata de empoderar a las personas y de apartarse del camino, no de que te siga alguien, o vos sigas a alguien. Y aunque sea liderazgo que sale de lugares inesperados, pero el liderazgo tiene que constituir de muchas más personas y no de las que están elegidas necesariamente”. Así como, que hay que tomar riesgos y que se debe ser perseverante, buscar apoyo y validar las ideas, y que cuando no es factible hay que tener la humildad de aceptarlo.

Para Celina, uno de sus mayores éxitos ha sido construir un equipo de trabajo con profundo compromiso, visión y entusiasmo, porque asegura que sin el equipo no existe la idea. Pero, asegura que al principio fue difícil que se entendiera la idea de lo que buscaba Glasswing Internacional.

Tiro al plato

El Salvador: potencial

Jóvenes: energía

Labor humanitaria: empoderamiento

Dignidad humana: fundamental

Película favorita: ET / El color morado

Serie favorita: Los Sopranos

Libro favorito: Alicia en el Mundo de las Maravillas / El Principito

 

“Realmente fueron pocos las personas que invirtieron y creyeron desde un principio. Entonces, fue un reto. Tenías que mantenerte fiel a tu visión y el equipo a pesar que nadie te entendiera”, asegura esta salvadoreña.

Actualmente, Glasswing Internacional trabaja con alrededor de una docena de organizaciones nacionales e internacionales, el Gobierno y a nivel local con varias comunidades en el país.

Por su parte, en el rol de esposa y madre, para Celina todo es un mismo conjunto, ya que su esposo es el CEO de Glasswing Internacional y “mi hijo va conmigo a todos lados desde chiquito, con mi esposo (…) Nuestro primer hijo o hija es la organización y el segundo es Nicolás”, explica.

“Hay una frase en el Principito que dice que “quererse no es mirarse el uno al otro, sino mirar juntos en la misma dirección”. Así es nuestra relación (con mi esposo) siento yo, o sea que nosotros nuestra conexión más profunda es que miramos en la misma dirección”.

Finalmente, a los jóvenes, Celina aconseja que “es importante que sean congruentes cuando tengan un deseo de hacer algo, darle seguimiento a las cosas y si realmente creen en algo, hay que ser perseverantes. Al final no todo el mundo te va a entender, pero si tenés una visión, que viene de un lugar honesto, comprometido y empático, hay que seguir con eso”.

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