Política

10 Jun 2015
Política | Por: Luis Trejo

Ya no nos asustan los muertos

Las estadísticas oficiales indican que más de 2 mil homicidios se han cometido en lo que va del año 2015. ¿Por qué muchos ya no se alarman de estas cifras que nos ubican como uno de los países más violentos del mundo?

Para nadie es un secreto que los homicidios se han disparado en los últimos meses. Y aunque es algo que debería preocuparnos a todos, muchos lo vemos como algo normal en nuestra sociedad y que no deberíamos darle más atención. En un par de ocasiones, incluso el presidente de la República, Salvador Sánchez Cerén, ha culpado a los medios de comunicación de sobre dimensionar la violencia y que la situación no es tan difícil como nos la hacen ver.

Si bien es cierto algunos medios han dado prioridad en sus agendas a los homicidios, no es justo decir que ellos son los culpables de los más de 16 muertos diarios. Como reza el dicho, al césar lo que es del césar. Y los muertos nos pertenecen a todos; deben ser una preocupación de todo el país, no solo de unos cuantos. ¿Por qué ya no nos asustan los muertos? ¿Eso es bueno o es malo? ¿Hasta dónde debe preocuparnos que los homicidios vayan en aumento y que nadie haga nada para detenerlo?

Desde mi punto de vista, que me muevo en un círculo donde la violencia, la delincuencia y las pandillas son puntos de asedio para muchos ciudadanos, creo que no asustarnos por los muertos es una indiferencia, la muerte se ha vuelto una rutina y hasta lo podemos ver como algo sin importancia, sobre todo si se tratan de pandilleros o de gente que delinque. ¿Estamos acaso, al alegrarnos con ese tipo de muertes, legitimando que los homicidios deben ser una salida a los altos índices de criminalidad y violencia que prima en El Salvador?

Yo sí creo que es posible mejorar la calidad de vida de los salvadoreños, aún más de los jóvenes, si se impulsan programas o proyectos encaminados a la prevención de la violencia, en lugar de la represión y el castigo. Si no pensamos en medidas estratégicas que traten de solventar los problemas a través de la concienciación, la educación, las oportunidades y hacer ver la necesidad de los valores humanos, nunca veremos un cambio sustancial en nuestras sociedades.

Dejemos de ver a los muertos como algo normal. Dejemos de celebrar porque un pandillero o un ladrón fallecieron; basta ya de seguir intimando a los demás de que en nuestro país solo existe la violencia y la muerte. Tanto vale la vida de un pandillero como la vida de un ciudadano. Aunque el primero haya perdido sus derechos civiles y políticos, los humanos aún los mantiene. En su caso, el ciudadano está en la capacidad de generar oportunidades, con la ayuda del Estado, la empresa privada y las organizaciones, para quienes desean salir de ese mundo delincuencial. Demostremos que El Salvador puede dar cosas buenas de las que hablar. Preocupémonos por los muertos, ayudemos a quienes lo necesiten y aportemos a cambiar nuestra sociedad.

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