Política

18 Mar 2015
Política | Por: Luis Trejo

Ya basta de usar a Monseñor Romero con fines políticos

El uso político de Monseñor Romero debe ser repudiado por la sociedad creyente, independientemente del sector al que pertenezca o represente.

Ya sabemos que el próximo 23 de mayo será el acto de beatificación del mártir Monseñor Romero, quien para muchos ya es un santo y lo vemos como tal. Es una alegría para muchos, pues de cumplir con el proceso sería el primer santo que salga de El Salvador para el mundo. Pese a que su figura es símbolo de fe, cristianismo, martirio y empatía con los pobres, algunos sectores, lamentablemente, continúan haciendo uso de su nombre con fines políticos.

En los últimos años, el expresidente Mauricio Funes puso “de moda” el nombre de Romero. Lastimosamente no con los fines que muchos hubiéramos querido, siguiendo su ejemplo de lucha por los más necesitados y en denuncia de las cosas que no están haciendo bien el país (que es la mayoría de acciones por parte de los funcionarios públicos y de los máximos líderes políticos). Funes quiso quedar bien con la figura de Monseñor Romero pero solo terminó aburriendo a muchos y provocando que el nombre del fallecido arzobispo estuviera en boca de gente que poco o nada aplica las enseñanzas que comunicara Romero.

Pero con la salida de Funes del Ejecutivo la cosa no cambió. Por el contario, la utilización de Romero como pieza fundamental en el discurso de la mayoría de dirigentes del FMLN aún sigue con mucho auge. Ningún político ni aspirante a serlo tiene el derecho de valerse de una figura que pronto será declarada beata (y ojalá en el corto plazo santo) para ganar adeptos y simpatía de la gente. Ya basta de querer saludar con sombrero ajeno. Mejor hagan su propia lucha, denuncien sus propias inconformidades y trabajen por hacer un cambio verdadero en la sociedad salvadoreña que tanto lo necesita.

El uso político de Monseñor Romero debe ser repudiado por la sociedad creyente, independientemente del sector al que pertenezca o represente. Muchos esperamos que muy pronto nuestro fallecido pastor esté en los altares de todo el mundo, pero no queremos que políticos partidarios se quieran pasar de inteligentes y arribistas, escudándose en el rostro de Romero para lograr sus objetivos personales, egoístas y en contra de la doctrina que predicaba y practicaba nuestro beato.

Para quienes nos confesamos creyentes de Romero, es tiempo de exigirles a los aprovechados que borren de su boca ese nombre. Ya no queremos más promesas falsa, menos que vayan mezcladas con ejemplos de vida como los de Monseñor.  ¡Ya basta de usar su nombre con fines políticos! El discurso político salvadoreño no está apegado a las denuncias que exponía ese religioso, así que no debemos por qué inmiscuirlo.

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