Política

24 Mar 2015
Política | Por: Juan Carlos Méndez

Vida, paz y justicia

Cuando la capacidad de hacer un buen trabajo llegó a su límite, cualquier cosa que venga a la mente parece buena. Así como el gobierno, que hoy es incapaz de generar paz y prosperidad.

Vida, paz y justicia es como el Consejo Nacional de Seguridad y el presidente Sánchez Cerén le han denominado a una marcha absurda para que los salvadoreños se pronuncien contra la violencia y a favor de la justicia. En efecto, el día 26 de marzo se ha declarado asueto nacional para asistir a la marcha y conmemorar así el Día Nacional de la Vida, la Paz y la Justicia.

En palabras del presidente Sánchez Cerén, lo que pretende esta marcha es “decirle al mundo que El Salvador está unido y que quiere tranquilidad y paz”. La marcha es voluntaria, pero la voluntad de hacer el bien a quienes hoy hacen el mal no se quitará con marchar, porque el problema es que hemos perdido tres cosas importantes que este país se propuso un día: Dios, Unión y Libertad. La vida, como un regalo que se cuida; la paz, que solo la unión nos la da; y la libertad, que nos guía a actuar con bien, con justicia.

Al gobierno se le ha olvidado que la vida es lo más importante. Si de verdad le importara, ¿por qué los hospitales públicos están desabastecidos? Ni el presidente se hace sus tratamientos médicos en el país y por eso tiene que viajar para hacérselos fuera. ¿Queremos asegurar la vida? Veamos los siguientes datos e indaguemos: la salud solo representa el 6.5 por ciento del gasto para el gobierno, existe una sola cama por cada mil habitantes del país; por cada mil nacidos mueren casi 18. Velar por la vida es que se les asegure a los salvadoreños las condiciones sociales y económicas para subsistir: asignar más del 3 por ciento de gasto a la educación, solventar la deuda del sistema de pensiones de 21.6 millones de dólares, combatir el desempleo donde siete de cada 100 personas están sin un empleo, y donde casi 60 de cada 100 personas están en el sector informal de la economía. Y finalmente, garantizar la vida es estar en contra del aborto tal cual lo manda la constitución.

La paz no solo es el producto de la seguridad ciudadana. Necesitamos que los partidos políticos se dejen de luchas perversas para conseguir el poder. Cada decisión de los políticos le cuesta al país, no solo dinero sino también incertidumbre a la población, pues de un día para otro muchas veces las reglas se han cambiado o intentado cambiar. No tendremos paz hasta que los viejos políticos y los jóvenes sigan utilizando peyorativamente los discursos de “lucha de clases”. Por eso es necesario ver hacia al futuro y construir proyectos de nación con visión de largo plazo.

El problema de la justicia no es de leyes, sino de aplicar las leyes que ya existen. Tenemos tratos diferenciados para quienes hacen los favores a funcionarios públicos: casos como el expresidente Flores que aún no se conoce nada de su resolución y últimamente el caso del pastor Carlos Rivas, quien es miembro del Concejo Nacional de Seguridad y que convoca a la marcha de este 26 de marzo. Las leyes deben ser iguales para todos, pero en un país cargado de antivalores, no aplicarlas resulta fácil.

Marchar este 26 de marzo es algo ridículo. ¿Marchar para decirnos a nosotros mismos que queremos vida, paz y justicia? Si somos los mismos salvadoreños que nos estamos matando y reteniendo la oportunidad de ser un país más próspero. Deberíamos mejor organizarnos para marchar en contra del gobierno y exigirle que cumpla por lo menos con lo mínimo en las áreas de la vida, la paz y la justicia. ¿Gobierno hipócrita, gobierno incapaz?

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