Política

6 Feb 2014
Política | Por: Luis Trejo

Una segunda vuelta es pérdida para todos los salvadoreños

El TSE estima gastar unos 20 millones de dólares para las elecciones de segunda vuelta.

 

Una de las pocas fiestas cívicas que podemos vivir los salvadoreños ya se celebró. La mayoría de las encuestas ya avecinaba un panorama como el que estamos viviendo, al asegurar que ninguno de los candidatos presidenciales obtendría la mayoría absoluta para ganar en primera vuelta. Sin embargo, habíamos muchos que, más que desear, rogábamos porque una segunda vuelta no se diera. No obstante, la decisión de los que votaron se debe respetar pese a que ello signifique una pérdida para todos los salvadoreños, incluso hasta para los que no votaron.

De acuerdo con el Tribunal Supremo Electoral (TSE) una segunda elección podría rondar los 20 millones de dólares. Es decir, un nuevo proceso se traduce en una erogación considerable de un dinero que a nadie, menos al Estado, le sobra. Se convierte en un gasto millonario que pudo haberse invertido en proyectos o programas más importantes para el desarrollo del país.

Pero además de una erogación para el Estado, que dicho sea de paso es dinero pagado gracias a los impuestos de los salvadoreños, también significa casi un mes de campaña más. En otras palabras, para aquellos que están aburridos, cansados y críticos de la propaganda electoral, les tocará aguantar por tres semanas a los dos candidatos en contienda para la segunda vuelta. Volveremos a ver cada 15 minutos, a leer en cada página de los periódicos o a escuchar cada media hora en la radio a las propuestas inconclusas de Norman Quijano y Salvador Sánchez Cerén.

Por si fuera poco, se suma un ambiente de tensión pre y poselectoral que no deja nada bueno a los salvadoreños. Si bien es cierto que estas primeras elecciones se desarrollaron con normalidad, a excepción de algunas irregularidades sin importancia, en una segunda vuelta los simpatizantes defenderán más a sus candidatos y podrían desencadenar en hechos indeseables si vemos la situación con malos ojos.

Lastimosamente, muchos ciudadanos aptos para votar no acudieron a las urnas, unos anularon sus votos y otros se quedaron a la espera de que otros decidieran por ellos. En su caso, Norman Quijano culpó al TSE del absentismo en los comicios, sin embargo, la responsabilidad de votar es de los ciudadanos no de una institución. En las democracias, a los mandatarios los ponemos las personas, no una campaña de llamado al voto. Por lo tanto, la culpa es de los mismos salvadoreños que se quedaron cómodamente en sus casas.

No vale decir que anularon su voto o que se abstuvieron porque los candidatos no eran los más idóneos. Nos guste o no, hay que elegir a alguien porque el Estado no puede quedar acéfalo. Si bien es cierto que la ley permite anular las elecciones si la anulación es mayoritaria, aunque no es imposible, en nuestro país es muy difícil enfrentarse a una situación similar. Por lo que el llamado, en esta ocasión, es a que el próximo 9 de marzo hagamos valer la pena esos 20 millones de dólares y vayamos a votar. No nos queda de otra. 

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