Política

15 Feb 2016
Política | Por: Alexandra Monge

Un pequeño paso de un largo camino por delante

Para hacer conciencia en una persona, especialmente en un joven, se necesita mucho más que solo libros de texto y toda la logística que viene en una materia escolar. No hay nada que agobie más de una clase que la rutina. Por eso las clases deben ir más allá de lo teórico, y esto se puede lograr a través de invitados especiales que sean vivos ejemplos de superación y ética (me abstengo de recomendar a ningún político por el momento).

La Asamblea Legislativa aprobó este 11 de febrero, con cincuenta votos a favor y uno en contra, el regreso de la implementación de la materia de Moral y Cívica en las escuelas públicas del país. Esta será aplicada después de un plazo de 90 días, pero se espera la respuesta del Ministerio de Educación también. El objetivo de la reivindicación de dicha materia en el currículo escolar es que los estudiantes puedan recibir nuevamente clases de ciudadanía y valores, como el respeto y la honestidad desde temprana edad hasta bachillerato, con el propósito de impulsar el mejoramiento de nuestra sociedad. Los diputados señalan que cuando se solía dar esta clase en las aulas, los niños eran más “educados, responsables y con buenos hábitos”. No obstante, analistas políticos han criticado esta reforma, categorizando la materia como irrelevante e incapaz de mejorar los problemas sociales que dañan a nuestra juventud, ya que el comportamiento de los jóvenes en ese entonces se basaba más allá del recibimiento de una materia.

Una asignatura que enseñe valores, modales, obligaciones y derechos no es una materia irrelevante, sino necesaria. Se espera que los niños desde temprana edad aprendan las normas de convivencia social; como compartir, decir la verdad, no morder o pegarle a un compañero, y muchas más expectativas y modales que evolucionan a ser el respeto, la tolerancia, la integridad y la solidaridad. Todos estos son claves en la formación de un buen ciudadano. Eso abarca también el adulto que obedezca y respete las leyes aunque no esté ningún tipo de presión autoritaria cerca.

Sin embargo, los niños no aprenden con palabras, sino con ejemplos. Las principales enseñanzas se dan en la familia. Los valores crecen dentro de un niño cuando los ve puestos en práctica dentro de su propio hogar. ¿Cómo esperamos que una sola materia cause tanto impacto en los jóvenes, cuando viven en hogares desintegrados por la violencia, el abandono, la falta de oportunidades y el interés por el bien común? Todo lo que se aprende dentro de estos hogares se ve reflejado día a día. Vivimos en una sociedad en donde está de moda parquearse en un espacio para personas discapacitadas o embarazadas, no ceder el paso, denigrarse unos a otros física y verbalmente, de los cuales somos espectadores de estos actos y más, lo que nos convierte en partícipes.

Al ejecutar esta reforma, la Asamblea demuestra una buena iniciativa y refuerza lo que está en manos del estado. El regreso de esta materia puede funcionar, si se implementa de la manera correcta y adquiere un carácter permanente y constante. Primero que nada, va a ser requerida la capacitación de docentes y brindarles los recursos necesarios para su enseñanza, porque una nueva materia implica nuevo material y dinero para adquirirlo, cosa que el Estado debe de tomar en cuenta.

Para hacer conciencia en una persona, especialmente en un joven, se necesita mucho más que solo libros de texto y toda la logística que viene en una materia escolar. No hay nada que agobie más de una clase que la rutina. Por eso las clases deben ir más allá de lo teórico, y esto se puede lograr a través de invitados especiales que sean vivos ejemplos de superación y ética (me abstengo de recomendar a ningún político por el momento). Es importante que nuestra juventud tenga personas a quien admirar por las razones correctas, que los inspiren a alcanzar su mayor potencial y les demuestren que la superación no es una idea abstracta que solo se ve en la televisión. Si no pueden tener algo así en sus hogares, por lo menos deberían de tenerlo en las escuelas.

Asimismo, la asignatura debe de impulsar el debate e inculcar el pensamiento crítico a través de valores democráticos para mejorar el bienestar social. Esto no se trata de partidos ni ideologías, sino de la formación cívica de las nuevas generaciones. El Estado tiene la obligación de hacer resurgir el verdadero concepto de “hacer patria”, que va más allá de memorizar la oración a la bandera, más allá de revanchismos, la solidaridad que nos dura los 90 minutos por la Selecta o nuestro amor por las pupusas.

Durante años esta materia ha sido altamente subestimada, y podemos ver los resultados en cada nueva estadística de violencia en nuestro país, donde no hay respeto por la labor honrada de un panadero o la vida de un bebé o niño/a de 2 años de edad. No es tarde para cambiar el rumbo de nuestra nación. Hagamos patria de verdad, demostremos lo que podemos llegar a ser los salvadoreños a través de una educación integral.

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