Política

10 Oct 2014
Política | Por: Mauricio González

Tránsfugas y partidos políticos tienen la culpa

Tanto partidos políticos como diputados, en mayor o menor medida, buscan alcanzar sus intereses políticos y económicos.

Cada vez que un elector vota a sus candidatos a diputados o alcaldes lo hace bajo una bandera política, bajo un instituto político que representa sus anhelos y visión sobre el rumbo que, desde su óptica, debe seguir el país. Romper esa decisión se vuelve un insulto a cada elector. Jugar con el derecho popular de elección no hace más que menoscabar la incipiente democracia de El Salvador  y vulnerar más la ya deteriorada imagen que el ciudadano de a pie tiene sobre los políticos.  

En ese sentido es acertada la resolución de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) que declaró ilegal el inciso segundo, artículo 34 del Reglamento Interno de la Asamblea Legislativa que facultaba a los diputados a cambiarse de partido político en la legislatura que fueron electos. La votación fue unánime por los cinco magistrados y esta se encamina en la dirección correcta para quitarle poder a políticos que traicionan la elección popular.

A pesar de que los ejemplos más representativos son los de algunos diputados del partido GANA y hasta hace poco tiempo de la fracción parlamentaria “Unidos por El Salvador”. Esta resolución debe servirles a los diputados de todos los partidos políticos para que respeten la sagrada elección de la ciudadanía. Esa resolución más que ilegal es un acto anti ético.

La política salvadoreña a lo largo de la historia ha estado marcada por casos de corrupción, intereses empresariales y personales. Muchos de los diputados que han formado parte de la Asamblea Legislativa han buscado su lucro personal a través de los cargos de elección popular. Es tiempo de que abramos espacios a una nueva generación de representantes públicos capaces de anteponer sus intereses personales por el bienestar del país.

Los tránsfugas solo han logrado entorpecer el aparato democrático de El Salvador, no obstante, existe un elemento al cual se le debe prestar especial atención: los partidos políticos entendidos desde una perspectiva jerárquica y unilateral. Si bien es cierto que los tránsfugas traicionan el voto popular, los partidos políticos funcionan como estructuras de poder que fundamentan sus directrices en los intereses de sus presidentes, directivos o quienes financian esas organizaciones políticas; de esa forma traicionan también a los votantes. En una política ideal, tanto los partidos políticos como los políticos mismo deben poner por delante los intereses de las personas a las que representan bajo la bandera política con la que llegaron al poder. Es alarmante y perjudicial que las cabezas de los partidos políticos utilicen su poder para presionar a diputados por la aprobación o no de determinadas leyes.

Es vital para la democracia salvadoreña que tanto los políticos como los partidos asuman un deber ético de legislar para los ciudadanos. Ambos actores, a su manera, han tratado de velar por sus propios intereses; los partidos políticos presionando a los diputados por legislar a la medida de los intereses político y económicos; los diputados al legislar según sus intereses en partidos políticos diferentes en los cuales fueron electos.     

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