Política

17 Ene 2018
Política | Por: Juan Carlos Méndez

Tiempos de encuestas y campañas electorales

Lo normal en la vida sería buscar la superación, alcanzar un sueño, pasarla bien, pero en tiempos de encuestas y campañas electorales, el ritmo de la gente cambia bastante. El ambiente en redes sociales es tenso, los programas de noticia y periodistas son más intensos en sus críticas, y los partidos políticos y sus candidatos son como “reyes magos” que buscan llegar hacia nosotros con algún regalo o lindas palabras para que los elijamos en las urnas.

No todos se ponen así de “tensos” en estos tiempos, hay gente que decide ignorar la política o lo ha venido haciendo desde hace mucho, para este segmento es como que nada pasara. Sin embargo, este grupo se vuelve vulnerable a cualquier político populista que busca intentarlos convencer o, en el peor de los casos, no reflejar un voto en la urna, dejando las decisiones de las cosas públicas en manos de otros. Y es entonces que, como dijo Platón: “el precio de desatenderse de la política es el ser gobernado por los peores hombres”.

Este artículo no pretende analizar o dar un punto de vista sobre las encuestas y las campañas electorales, sino hacer consciencia de la manera en cómo elegimos a quienes se postulan como candidatos.

No hay que creerse todo. Para los candidatos, fácil es hablar y ofrecer promesas con dinero ajeno, o sea con nuestro dinero proveniente de los impuestos una vez ellos sean electos. Siempre hay que cuestionarse de dónde va a salir lo que prometen. Por ejemplo un programa social o de asistencia necesita fondos, los que ya existen están presupuestados y, de ocurrírsele a ese legislador uno nuevo, necesitará o un impuesto nuevo o el financiamiento externo de bancos internacionales (préstamos). Entonces, ni un nuevo impuesto ni la deuda nos conviene, se han generado casi 25 impuestos desde el año 2009 y una deuda del sector publica del 65% respecto a todo lo que producimos. Esta situación está ahogando los fondos del Estado, pues no crecemos lo suficiente como para pagar la deuda, ni tampoco hay empleo que poco a poco vaya eliminando el estímulo asistencialista que está en la política pública.

Una segunda cosa importante que tener presente es que la política no acaba con elegir en las urnas. Al contrario, la elección es solo el comienzo porque después debería seguir la vigilancia permanente de las acciones y el cumplimiento de promesas/compromisos de quienes hemos electo. Esta es la parte que normalmente ignoramos, después de elegir nos pasamos criticando las cosas negativas de la política, pero no hacemos nada por hacer sentir el voto, o sea, no criticamos, no proponemos desde donde estamos, no nos organizamos con quien piensa igual. Es entonces que el descontento permanece y los problemas sociales se profundizan.

Si bien las encuestas reflejan exactamente el descontento hacia los partidos políticos tanto en su apertura a la renovación como en sus decisiones, NO VOTAR sería un grave error. No se resuelve nada con no hacerlo, siempre quedarán los políticos y será peor ya que dejaríamos todo en manos de quien no hemos elegido. Por eso la mejor decisión es elegir y luego exigir, estar atento a sus acciones. Los que votamos tenemos el sartén por el mango: poner a quienes tienen nuestras ideas y quitar a quienes han errado o piensan diferente.

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