Política

2 Ene 2015
Política | Por: Mauricio González

Subdesarrollo, dinero y actitud

La pobreza material es pasajera, la pobreza mental es eterna.

El salvadoreño se queja de su trabajo, se queja de su condición económica, se queja de su pareja, de su casa; se queja de su carro o de no tenerlo, se queja de la basura, de la pobreza, pero nadie se queja de su actitud.

Es fácil quejarnos de todo lo que nos rodea: del Gobierno, de la falta de recursos, de los impuestos. En buena parte el subdesarrollo económico y las condiciones que le acompañan están marcados por las oportunidades y por las condiciones económicas de un país. No obstante, el verdadero subdesarrollo que atraviesa el salvadoreño es uno más grave: el subdesarrollo mental alimentado por el sentimiento de “manutención obligatoria del Estado”.

Estamos acostumbrados a tomar decisiones basados en solventar pequeñas problemáticas inmediatas y no vemos estos pequeños problemas a largo plazo. El subdesarrollo es un estado mental al que estamos amarrados culturalmente, no solo porque no contamos con la educación ni recursos necesarios, sino más bien porque no ejercitamos el uso de la razón común, el uso del “juicio” a la hora de tomar decisiones. Antes de criticar nuestra realidad preestablecida, rodeada de muchas limitantes, deberíamos iniciar con desarrollar un razonamiento más lógico y desatarnos de ese sentimiento de manutención paternalista del Estado.

He escuchado muchas veces decir a las personas, “ayúdeme, soy pobre”, pero carecer de recursos per se no es una limitante que debe ser alimentada con más pobreza, con limosnas, con camisetas de los partidos políticos, con miserables monedas que solo sirven para perpetuar la pobreza.

Los salvadoreños nos distinguimos por botar la basura en la calle. He observado en repetidas ocasiones cómo personas de todas las edades botan la basura sin ni siquiera pensarlo. Aparte de causar contaminación, esa basura tapa los tragantes de la red de aguas lluvias y en invierno las inundaciones afectan las viviendas, calles, propician desastres naturales, erosionan el suelo. En los casos más irónicos, la misma basura que inundan las viviendas de las personas son las que botan en los tragantes. Eso es algo sencillo de realizar y si ponemos la excusa de que no hay basureros por donde transitamos, ¿no sería mejor cargar una pequeña bolsa para botar los desperdicios y al llegar a casa votarlos?

En algunas ocasiones he realizado trabajo de campo entre las 5:00 y 7:00 p.m. en comunidades pobres de San Salvador, y he podido observar que en su mayoría, sean hombres, mujeres o niños, se encuentran viendo televisión, telenovelas o películas que poco o nada aportan a un desarrollo económico eficiente y eficaz de sus familias. El tiempo es dinero y bajo esa lógica no sería más conveniente utilizarlo para desarrollar ideas de negocios: crear, inventar, producir, escribir, realizar una acción que se traduzca en un retorno económico para poco a poco salir de la pobreza. El problema es que creemos que el rico es rico por gracia divina, por “cuello” y no por esfuerzo personal que puede ser replicado si aplicamos un pensamiento más kantiano, lógico y aterrizado a la realidad en nuestras acciones.

Cierro con una frase citada por Ricardo Poma, exitoso empresario salvadoreño, que marcó mi vida desde el momento en que la escuché: “El filósofo y Premio Nobel de la Paz, Nicholas Murray Butler, expresó que en el mundo solo hay tres tipos de personas: los que hacen que las cosas pasen; los que miran las cosas pasar; y los que preguntan qué pasó”.

 

 

22 Ago 2018
Una confesión que no extraña a nadie
Política | Por: Karen López

Una confesión que no extraña a nadie

5 Jul 2018
El Maniqueísmo Político
Política | Por: Juan Carlos Menjívar

El Maniqueísmo Político

29 Jun 2018
¿Y qué corona tiene Nuevas Ideas?
Política | Por: Juan Carlos Méndez

¿Y qué corona tiene Nuevas Ideas?

4 Jun 2018
Noveno año de Gobierno del FMLN
Política | Por: Mario Hernández Villatoro

Noveno año de Gobierno del FMLN