Política

24 Nov 2014
Política | Por: Ernesto Hernández Otero

¡Sí tenemos turismo!

Trabajar por el país es mucho más que hablar bien de El Salvador (como varias radios dicen para hacer campaña), pues trabajar por el país y ser salvadoreño se trata de ser y hacer patria.

Mucho se habla del poco turismo que como país generamos. Muchos dicen que no contamos con suficiente infraestructura turística y hasta llegamos a decir (no neguemos haberlo hecho más de alguna vez) que El Salvador no tiene nada qué ofrecer a los ávidos turistas cosmopolitas que están acostumbrados a las condiciones que otros países extranjeros les ofrecen. Pero poco o nada se acostumbra decir de los lugares escondidos que tiene nuestro país, que son verdaderos paraísos casi vírgenes que pocas personas en el mundo conocen.

Tampoco se habla de la gran importancia que tiene la calidad humana de los lugareños y que en nuestro caso contamos con personas que trabajan con el corazón para servir de la mejor forma posible a todos aquellos que buscamos conocer el patrimonio cultural de nuestro país.

Siendo salvadoreño de sangre, de historia, de corazón y por decisión, tengo la obligación de compartir una experiencia que me llenó de orgullo y felicidad al visitar la bella ciudad de Suchitoto; pues a pesar de que todos los poderes del Estado y todas las carteras estatales que en una gran proporción trabajan bajo una bandera de conformismo, burocracia y corrupción,  en la agencia de turismo ubicada en esa ciudad, gestionada por personas de CORSATUR y a través del Ministerio de Turismo, me demostraron que la excelencia en los servicios públicos sí es posible. Todo esto sin importar las condiciones, ni el presupuesto, sin partidismos, ni propagandismo político.

Mi historia comienza cuando habiendo escuchado tantas recomendaciones sobre la, hasta en ese momento, desconocida “Cascada Los Tercios” decidí emprender un viaje de una hora en una carretera con muchos árboles, baches y quizá demasiados túmulos. Al llegar, uno de los lugareños me aconsejó solicitar acompañamiento policial hacia la cascada, por lo que me indicó cómo llegar a la agencia de turismo.

Con un poco de desconfianza fui a la oficina de turismo, donde Raúl Galdámez mostró un esmerado esfuerzo por informar todas las actividades y todos lugares de la zona, y hasta me dijo dónde parquear mi carro comprometiéndose a velar por él. A todo esto, también coordinaba con agentes de la PNC la visita guiada a la cascada, quienes a su vez llegaron puntualmente a la hora convenida e hicieron el mejor de su trabajo como guías turísticos bajando la montaña para llegar al rio desde donde se puede admirar la natural belleza de los bloques de roca que forman la cascada Los Tercios.

Al final de la visita, tanto los agentes de la policía como en la agencia de turismo agradecieron, más no aceptaron, la propina que les ofrecí y manifestaron hacer solo su trabajo (si tan solo fueran así más funcionarios) y yo, por mi parte, me comprometí a escribir sobre la mejor experiencia de turismo interno que he vivido.

La alta eficiencia profesional junto a la excelencia humana de estos funcionarios, me demuestran que El Salvador tiene futuro, que ser Salvadoreño (con mayúscula) es ir más allá de las funciones que por un salario devengamos. Trabajar por el país es mucho más que hablar bien de El Salvador (como varias radios dicen para hacer campaña), pues trabajar por el país y ser salvadoreño se trata de ser y hacer patria. Y aunque nunca faltarán las necesarias columnas críticas de la dura realidad, gracias a don Raúl Galdámez, a los agentes de la policía de turismo de Suchitoto y a muchos otros que aún no he conocido. Siempre podrá también haber columnas para agradecerles el buen trabajo que hacen por nuestro país. (En esta parte de esta columna tan patriótica, casi escucho “Patria querida” en mi cabeza.)

Estoy seguro de que todos los extranjeros como los compatriotas que viven aquí y los compatriotas que viven allá, que vayan y conozcan Suchitoto a través del Mitur, motivarán el turismo nacional aún más que las caras campañas mediáticas. Pues al fin y al cabo cuando se viaja, más allá de los lugares, el clima o la gastronomía, lo más importante sigue siendo su gente. Y la nuestra, tiene mucho que dar.

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