Política

13 Ago 2012
Política | Por: Mauricio González

Se repartieron la CSJ

La principal característica de una república democrática es la división de poderes, que cumple el objetivo primario de depositar en diferentes órganos las principales funciones del Gobierno para no dotar a ningún órgano –Ejecutivo, Legislativo, Judicial- con demasiado poder ni con demasiadas atribuciones.

Montesquieu ya lo planteaba en el iluminismo europeo con su frase “el poder frena al poder”, sin embargo después de la serie de reuniones impulsadas por el Presidente Mauricio Funes junto a todos los partidos políticos se negociaron los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, propietarios y suplentes, así como también a su Presidente, el abogado Salomón Padilla.

Esta serie de reuniones violó la esencia de la Constitución de la República de El Salvador que establece en su Artículo 86. el principio de legalidad referente al ejercicio del poder por parte de los Órganos de Gobierno y sus funcionarios, dentro de las respectivas atribuciones y competencias así como su interdependencia.

Me imagino dentro de Casa Presidencial el bloque del CN, FMLN, GANA Y PES exigiendo que tales magistrados integrasen la Sala Constitucional, mientras que ARENA exigía otros y el CD no era más que un mero espectador.

Así de triste, el Órgano Legislativo a través del judicial se repartió las magistraturas de la CSJ y su presidencia 2012. En este contexto cabe preguntarse si los votantes hemos creado al monstruo y ahora no podemos detenerlo luego de entregarle a los partidos políticos tanto poder a través de un sistema de votaciones democrático, que tiene deficiencias desde su formación y que anteriormente había mencionado en mi columna “La mentira de la democracia”. 

Pero, ¿Por qué nunca se había dado este escenario en el país? Simple, es la primera vez que tenemos un gobierno de izquierda tras una larga historia de gobiernos de derecha, y no de hace 20 años, sino que desde la colonia. Desde esos entonces se entró en una confrontación para arrebatarle el control de las instituciones y de la CSJ a la derecha, que en otros tiempos las controlaban.

Indignante es ver cómo los partidos políticos son meras estructuras verticales, que defienden intereses de otras personas innombrables, con gran poder y que están detrás de ese espectáculo inmoral llamado Asamblea Legislativa, donde los intereses priman, no existen las amistades solo los compadrazgos, donde ahora estoy contigo y mañana con otro.

Luego de encontrado un acuerdo político, es un irrespeto para la Constitución actuar de esa forma. Talvéz los medios de comunicación y ciudadanos nunca tengamos los pormenores de cómo se negoció en CAPRES, o como coloquialmente se dice en Suramérica “cómo se batió el cobre”. Lo único cierto es que actuaciones de este tipo no hacen más que socavar la confianza de los votantes con los partidos políticos, quienes poco a poco se dan cuenta de sus artimañas, y busca constante de poder e influencia en todo el aparato gubernamental. Necesario es caer en la cuenta de estas actuaciones para que a largo plazo sepamos que quizá los partidos políticos no son la mejor forma de ejercer una desgastada democracia, pero esa ya es harina de otro costal.

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