Política

23 May 2015
Política | Por: Ernesto Hernández Otero

Romero, el mártir

Ahora Beato Romero es mártir del marketing, de la hipocresía, de la política. Por eso es importante desligar a Romero del FMLN, que se aprovecha de su imagen y de su misión para conseguir votos.

Todos los salvadoreños sabemos que los 12 años de guerra nos robaron mucho más de lo bueno que dejaron. Mientras unos luchaban por defender a la República, otros luchaban por cambiar el sistema; la tierra absorbía la sangre de miles de civiles que a fuego cruzado morían. La guerra terminó con ambos bandos firmando la paz al mejor precio. A esa negociación debe incluso el ahora presidente, ser presidente. Qué absurda y cuánta ironía tiene ese pedazo de historia de El Salvador.

Pero a pesar de que en toda historia, es el ganador el que logra contar la versión de los hechos, en nuestro caso, todos perdimos y por eso no tenemos una versión inmutable que se pueda escribir en los libros de sociales. En algo coincide la mayoría de analistas políticos: el inicio de la guerra en sí misma comenzó el día en que callaron la voz de los sin voz.

Monseñor Romero fue mártir de la opresión, de la violencia, de la guerra. Es símbolo del peor capítulo de censura, de intolerancia, del poder malintencionado; pero sobre todo, de la peor estrategia contrainsurgente que pudo haberse imaginado. Los pobres, los campesinos, merecían un sistema justo, que les permitiera desarrollarse como seres humanos y no como burros del feudalismo que los esclavizaba. Las fichas de las fincas con las que eran pagados los campesinos, representaban la condena social impuesta. La triste historia del desarrollo económico del país está manchada de los abusos que muchos terratenientes infligían a sus empleados. En aquella época, nadie pudo imaginarse que todos esos factores son los responsables que ahora sigamos viviendo en este estigma de clases, donde muchos resienten las condiciones de otros.

La lucha de Romero fueron los pobres. Nunca en su homilía buscó crear en su persona al símbolo de la izquierda. Su búsqueda por la paz social lo llevó a hacer un llamado a la cordura a los que en las armas buscaban el camino. Su defensa por la dignidad de los desfavorecidos hizo que sus palabras expresaran el clamor de justicia y equidad que el pueblo necesitaba. Jamás Romero se afilió al FMLN, nunca vistió la bandera de un movimiento guerrillero; en ningún momento dijo que el Che Guevara era su guía, ni que el marxismo fuera su ideología, mucho menos dijo que el comunismo representara el ideal de sociedad.

Monseñor Romero se guiaba por la línea cristiana de la opción preferencial por los pobres, trabajo por una sociedad ferviente que cree en Dios y fue, sobre todo, un pacifista, que creyó en la paz como medio para llegar a la justicia social. Fue mártir porque murió en su cruzada de fe, fue mártir porque representando a la iglesia católica fue asesinado, es mártir porque los católicos salvadoreños quieren identificarse con Monseñor Romero. Y tienen todo el derecho a celebrar su beatificación.

Ahora Beato Romero es mártir del marketing, de la hipocresía, de la política. Por eso es importante desligar a Romero del FMLN, que se aprovecha de su imagen y de su misión para conseguir votos. Es necesario lograr que el nombre de Romero sea de toda la iglesia, y que no lo pueda usar ningún partido político como bandera. Es urgente darle legitimidad a la beatificación de Romero, haciendo lo que él habría querido: que El Salvador como Estado tome la opción preferencial de los pobres. La única forma de ayudar a los pobres y a los campesinos no es sentarlos en el evento como maquinaria del populismo. El único camino real para reducir la pobreza de los salvadoreños vulnerables es movilizar la maquinaria productiva del país, generando más empleos, formando a más jóvenes, potenciando el desarrollo humano.

Beato Romero sabía que pobreza no era ni es la solución, sino el problema. Y  como dijo en su homilía en la Noche Buena del 79: “El país está pariendo una nueva edad y por eso hay dolor y angustia, hay sangre y sufrimiento. Pero como en el parto, dice Jesús, a la mujer le llega la hora de sufrir, pero cuando ha nacido el nuevo hombre, ya se olvidó de todos los dolores.” Ya es hora de darnos cuenta de que sobre todo somos hermanos, todos somos salvadoreños.

22 Ago 2018
Una confesión que no extraña a nadie
Política | Por: Karen López

Una confesión que no extraña a nadie

5 Jul 2018
El Maniqueísmo Político
Política | Por: Juan Carlos Menjívar

El Maniqueísmo Político

29 Jun 2018
¿Y qué corona tiene Nuevas Ideas?
Política | Por: Juan Carlos Méndez

¿Y qué corona tiene Nuevas Ideas?

4 Jun 2018
Noveno año de Gobierno del FMLN
Política | Por: Mario Hernández Villatoro

Noveno año de Gobierno del FMLN