Política

1 Sep 2014
Política | Por: Ernesto Hernández Otero

Recuperemos a los jóvenes

Que no sea la juventud un estigma, sino un valor agregado; ese valor necesario para ir hacia el futuro.

Si bien El Salvador es un país joven en historia, de ciudadanos en su mayoría jóvenes, con una democracia joven, tiene gobernantes cada vez más mayores que tienden a impedir el acceso a los puestos de poder a quienes consideran un peligro, en este caso, a los pocos jóvenes que intentan entrar en la política nacional.

Pero lo que ha permitido que esto pase no son realmente los políticos que se aferran al hueso de poder que los sostiene, ni la dormida población que como borregos siguen a los mismos candidatos, sino a la ausencia de líderes jóvenes que busquen generar una cultura democrática nueva. Jóvenes que a la vez intenten cambiar el fallido status quo que rige las instituciones estatales. Que también logren consolidar progreso y desarrollo económico  con responsabilidad social y perspectiva humana para el bienestar de todos. El culpable de esta situación es la falta de visión y compromiso.

Constantemente me pregunto por qué los jóvenes no aspiran a más o por qué la ambición ha sido estigmatizada como algo negativo, cuando esos factores junto a la ética, al esfuerzo y al compromiso, son la fórmula para lograr todas las metas que una persona puede soñar con lograr. Me atrevo a decir que la cultura de nuestro país y la situación nacional están intrínsecamente relacionados  con este conformismo que está infectando al más grande sector de la población. Y este conformismo es absurdo, porque no tiene base en un bienestar general que haga que buscar algo mejor suene como un deseo avaro. Todo lo contrario, la vida cada día cuesta más vivirla y el panorama no pronostica nada mejor.

El estado de hibernación en el que se encuentran estos jóvenes les genera apatía a la labor social, desprecio a la función pública y una creciente desidia frente al futuro. Por ello, es urgente despertarles, hacerles ver que los sueños pueden cumplirse y que a pesar de que no sobran las oportunidades en nuestro país, las hay; y solo sabiendo tomarlas, podrán conseguirse más cosas de las que pueden lograrse. Tenemos que motivarnos a tal punto que creamos que podemos cambiar las cosas. Necesitamos aceptar nuestra misión transformadora de la sociedad y es urgente que nuestra participación sea integrada y respetada dentro de todo tipo de organización, ya sea una empresa, un grupo social, o en el mismo gobierno.

No quiero que, como me dijo un día una persona, mientras me entrevistaba para un trabajo, “que era muy joven, y que quizá necesitaba más experiencia” sean palabras que vuelvan a ser dichas a otro joven. Al contrario, esperaría que como en otra entrevista me dijeron, “quizá tu juventud y tu experiencia pueden dar ideas nuevas, fuera del huacal al que estamos acostumbrados”, sean las palabras dichas a más jóvenes que con las ganas, la dedicación y la motivación adecuada, están buscando desarrollarse como profesionales en nuestro país. Que no sea la juventud un estigma, sino un valor agregado; ese valor necesario para ir hacia el futuro.

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