Política

11 Jul 2013
Política | Por: Jaime Ayala

¿Qué tanto estás dispuesto a dudar?

Hace unas semanas, el canal TVX transmitió un debate sobre por qué la economía de El Salvador no crece. En el mismo evento, Roberto Rubio, uno de los moderadores, dirigió unas palabras hacia los jóvenes. Dentro de su discurso, el director ejecutivo de FUNDE dijo lo siguiente (parafraseando): “La duda mueve montañas. Duden de todo, de lo que les decimos, de sus profesores. Cuestionen.”

Realmente me sorprendió escuchar estas palabras tras un largo debate donde se habían expuesto principios económicos y cifras de instituciones  muy confiables.  Más allá de los argumentos propuestos por los participantes de la discusión, me fue imposible no rescatar las palabras de Roberto Rubio para plantear uno de los temas más relevantes de nuestra sociedad: la duda.

Cuestionar las propias creencias es complicado, pues implica botar el orgullo, despejar la mente y a veces hasta cambiar las directrices de la vida. Y no es que nunca hayamos sido así, pues cuando éramos infantes preguntábamos hasta las cuestiones más sencillas y ridículas, pero no importaba. Teníamos esa necesidad de buscar un porqué.

Sin embargo, parece que con el pasar del tiempo esa actitud tan desafiante se apacigua y se esconde tras todo tipo de intereses. Es fácil verlo en el mundo de la política, religión y hasta en nuestra propia universidad con muchas de las materias que los jóvenes cursamos. Y no se trata de refutar cada argumento que alguien plantee, pero sí de cuestionarlo para bien, pues solo así estos se enriquecerán de diversas ideas.

A veces, en nuestro país se practica la mala costumbre de criticar y desvalorizar todo aquello que nos resulte extraño. Que por no ser de cierta corriente ideológica o practicar cierta religión, entonces estoy equivocado.  Sucede que quizá sea más provechoso intentar pensar como nuestra contraparte para poder criticar sus puntos de vista. Pienso que solo así se llegará al enriquecimiento de las ideas, pues ninguna de estas constituye una verdad absoluta, esas que han corrompido hasta las mentes jóvenes más brillantes.

Nadie que aparezca antes los micrófonos, en un vídeo en internet o que escriba un periódico famoso puede jactarse de ser una figura incuestionable por parte de la sociedad. Nuestro país ha sido ya demasiado golpeado por personas e ideas que se creían exentas de las críticas como para que los jóvenes cometamos el mismo error de nuevo.  Será la historia aquella que juzgue la veracidad de los fenómenos humanos, y lo menos que podemos hacer como ciudadanos es ser lo más precavidos posibles.

No quisiera que todo esto quedara en puro palabrerío, pues espero que los salvadoreños apliquemos más esta duda en nuestra sociedad, sobre todo en los ámbitos político y religioso. Hace unas semanas nuestra nación se perturbó por el caso de una mujer llamada Beatriz y, más allá del resultado, este suceso demostró que la polarización se puede vestir de diversas formas. Si no estabas en contra, entonces eras un asesino, y si te oponías eras un anticuado. Y así puede continuar la lista de argumentos ridículos.

Estos fenómenos pueden a relucir lo más pobre de las frescas mentes juveniles si no aprendemos a dudar. La gran mayoría debatía sobre si Beatriz debía vivir o no, pero pocos se dedicaron a pujar por un serio debate sobre el tema del aborto en nuestro país. Las grandes naciones no llegaron a su estilo de vida por casarse con una sola premisa, sino por cuestionar cada una de ellas; a tal grado que sus ciudadanos maduraron cada vez más para entender a cabalidad las consecuencias de cada opción.

En el ámbito de la política, se dice que “cada pueblo tienen el gobernante que merece”. Y quizá sea duro decir que algo se merece casi por el hecho de ser salvadoreño, pero no me cabe la duda  de que cada vez más los jóvenes nos parecemos a los funcionarios que tanto criticamos. Seguimos peleando por si el madrugón es rojo o tricolor. Queremos dudar de ellos, pero apenas hemos aprendido a hacer lo mismo de nosotros. 

  • CB1230

    ¿Las grandes naciones son grandes porque dudan o porque hayan la respuesta a la duda? Solo cuando hay una meta, hay progreso, y también cuando se está dispuesto a rectificar. Las preguntas sirven para conocer mejor la realidad y solo por eso tienen sentido. Si no hubiese respuesta…la pregunta es un sin-sentido. Entiendo que lo que quieres decir es que debemos tener pensamiento crítico. Lo que no me convence es que la duda cartesiana sea el mejor método. Más aún cuando ya tenemos cuatro siglos para valorar filosóficamente sus resultados. Es tentador apostar por la duda por su apariencia de tolerancia.

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