Política

3 Jun 2015
Política | Por: Ernesto Hernández Otero

Presidente durmiente: un año hacia atrás

El Salvador no puede avanzar si no se hace nada. Necesitamos un presidente que se despierte y que vea lo que está pasando con ojos nuevos. Es urgente que Sánchez Cerén ponga la alarma antes de dormirse y que se tome un café bien fuerte en las mañanas.

Todos los salvadoreños que siguen la actualidad han visto que las cosas no están bien. Quizás el único que tiene la percepción de que el país va en buen camino es el presidente de la República. El problema es que mientras él ha estado soñando la utopía de un FMLN eficiente, la realidad que vivimos los trabajadores, los jóvenes, los ancianos, los niños, los 6 millones de salvadoreños, es muy diferente y cada vez empeora. Tenemos un presidente que sueña cosas que no existen; y por estar dormido ha roto los sueños de todos.

Hace seis años llegó a El Salvador el primer gobierno de izquierda. Mauricio y sus amigos impusieron sus reglas; negociaron treguas con las pandillas, se repartieron contratos millonarios de seguridad y de publicidad, atacaron a los medios de comunicación y con fondos públicos financiaron el ingreso del imperio Alba, endeudando muchas alcaldías para los próximos 25 años. Funes estableció una nueva era. La era de la nueva oligarquía; los nuevos terratenientes, esos que se visten de rojo para ocultar el verdadero color de sus corazones; el verde de los dólares que tanto dicen despreciar.

La prepotencia con la que Mauricio y sus amigos gobernaron durante cinco años solo podía traernos algo peor. El FMLN estaba decepcionado de Funes y necesitaba en el poder a alguien de sus entrañas. Con la experiencia de las presidenciales del 2004, entendieron que para ganar con un excomandante guerrillero tenían que hacerlo potable primero. Uno que ya no tuviera el brillo de la insurgencia, que pareciera moderado, que incluso se viera débil. Las FPL (Fuerzas Populares de Liberación) y uno de sus comandantes, Leonel González, llegaron a la presidencia en el 2014, pero con nuevos nombres. Leonel ya no era Leonel, sino Salvador Sánchez Cerén. El problema surgió cuando creyendo haber puesto a alguien que solo fingiera estar cansado, resultó que de verdad estaba cansado. Sino veamos que hasta Lorena Peña se tomó una selfie con el Presidente dormido.

Ahora, en El Salvador, mientras todos vivimos en el reino del terror, padeciendo la inseguridad y la intolerancia de unos cuantos, solo hay una persona que puede dormir tranquila. Salvador Sánchez Cerén nos ha robado el sueño. Salvador Sánchez Cerén ha monopolizado el derecho de dormir tranquilo. En este año de letargo y siestas extendidas han cerrado cientos de pequeños negocios que no han podido cargar el peso de las extorsiones, miles han huido a Estados Unidos, millones de dólares se han perdido por la falta de productividad. Pero lo más grave de todo, es que mientras Sánchez Cerén ha estado dormido, han muerto más de 4 mil salvadoreños víctimas de la violencia.

El Salvador no puede avanzar si no se hace nada. Necesitamos un presidente que se despierte y que vea lo que está pasando con ojos nuevos. Es urgente que Sánchez Cerén ponga la alarma antes de dormirse y que se tome un café bien fuerte en las mañanas. Las cosas no pueden seguir así los próximos cuatro años, porque mientras el presidente duerme, nosotros, los que estamos despiertos, estamos pensando, actuando y trabajando para detener esta vorágine de retroceso sin sentido. Y no hemos podido dormir tranquilos porque tenemos el sueño de un futuro mejor.

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