Política

4 Abr 2013
Política | Por: Bruno Infantozzi

¿Por qué Nicolás Maduro ganará el 14A?

Desde hace unos meses, la mirada de millones de latinoamericanos se sitúa en la nación venezolana. No es para menos, después de mucha incertidumbre y mentiras del oficialismo sobre la salud del Presidente Chávez, finalmente se le declara muerto el martes 5 de marzo. Como lo manda la Constitución bolivariana, elaborada por el mismo Chávez, después de un suceso como este, se deben convocar elecciones treinta días después de la ausencia física del mandatario. La campaña y los discursos de los candidatos ya empezaron a sonar muy fuerte, tanto del lado del opositor Henrique Capriles, como del sucesor chavista y actual vicepresidente, Nicolás Maduro.

Las condiciones en las que llegan estos últimos no son similares, y la balanza de lo que pueda pasar en las elecciones del 14A, parece decantarse drásticamente del lado bolivariano. Lamentablemente, tal situación no resulta extraña. Estoy seguro que este catorce de abril seremos testigos de una de las elecciones más desiguales de los últimos tiempos. ¿Por qué? Veamos…

Desde la muerte del mandatario venezolano, el vicepresidente Nicolás Maduro, ha hecho hasta lo imposible para extender todas las ceremonias y eventos póstumos de Hugo Chávez. No es para menos. Hablar y recordar al ex mandatario le resulta beneficioso electoralmente. Cada ceremonia relativa a la muerte de Chávez es una plataforma propagandística del candidato oficialista. Es por ello que hasta esta fecha, Maduro ha mencionado a su predecesor 5528 veces, desde su desaparición física hace más de 15 días.

Asimismo, las condiciones de Maduro y Capriles en cuanto a propaganda televisiva no son exactamente las mismas. El gobernador del estado de Miranda tiene derecho a 4 minutos diarios en la televisión nacional. Por su parte, el vicepresidente cuenta con esos 4 minutos, más 10 minutos adicionales de publicidad gubernamental, y las interminables cadenas de televisión. No parece tan parejo, ¿verdad?

 

 

A estos datos habría que sumar el hecho que Maduro ha tenido más tiempo de organizar y planificar su campaña electoral. Soy de los que creen que Hugo Chávez falleció muchísimo tiempo antes de su anuncio público. En este período, mientras Maduro mentía descaradamente al decir que su predecesor estaba en mejoría, probablemente ya se estaba orquestando el plan post-Chávez.

Por otro lado, Nicolás Maduro aún se niega a debatir con su opositor, pues sabe que quien está arriba en las encuestas puede perder más de lo que podría ganar en una mesa deliberativa. Además, como es costumbre en países con gobiernos de tinte autoritario, las delegaciones de observadores internacionales no serán permitidas en esta contienda. ¡Vaya transparencia!

Finalmente, y como cereza del pastel, no hay que olvidar que las instituciones electorales y de justicia venezolana carecen de independencia partidaria. ¿Ejemplos? Tibisay Lucena Ramírez, presidenta del Consejo Nacional Electoral, ha sido elegida por el mismo Hugo Chávez años atrás, y por otro lado, la Procuradora general es nada menos que Cilia Flores, esposa de Nicolás Maduro. ¿Otro? El ministro de defensa y autoridad de las Fuerzas Armadas Venezolanas, Diego Molero, ha afirmado reiteradamente que las FFAA serán siempre “revolucionarias, antiimperialistas, socialistas y chavistas”. Curiosamente, son estas fuerzas armadas quienes controlan logísticamente, los centros de votación en las zonas rurales.

En fin, no parece haber una contienda muy pareja en tierras venezolanas. Valiente ha sido la decisión del candidato opositor en afrontar estas elecciones, en las que él sabe que sus probabilidades son escazas, pero su responsabilidad con la oposición es aún más fuerte. En unos días seremos testigos de estos simbólicos comicios, en los que Maduro llevará las riendas de Venezuela otros seis años, muy a pesar de decenas de millones de ciudadanos latinoamericanos que creemos en la Libertad y la Democracia.

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