Política

18 Feb 2016
Política | Por: Fernando Colocho

¿Por qué la corrupción no es un crimen de lesa humanidad?

« Una injusticia hecha al individuo es una amenaza hecha a toda la sociedad » Montesquieu.
En este momento, hay iniciativas para que la Asamblea Legislativa reconozca la corrupción como crimen de lesa humanidad. La pregunta de oro es si obtendrá el apoyo necesario ya que todos tienen cola que patear.

Según el artículo 7 del Estatuto de Roma, instrumento constitutivo de la Corte Penal Internacional actualmente en vigor desde el 1 de julio de 2002, define un crimen de lesa humanidad como «cualquiera de los actos siguientes cuando se cometa como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque» A continuación enlista una serie de crímenes de reconocida gravedad, sin embargo, a mi parecer la definición más interesante de todas es la última: «Otros actos inhumanos de carácter similar que causen intencionalmente grandes sufrimientos o atenten gravemente contra la integridad física o la salud mental o física.»

Con la cruda luz de la definición formal, nos damos cuenta que muchos de los acontecimientos que nosotros catalogamos como «normales» constituyen verdaderos crímenes que ofenden a la humanidad en su conjunto.

Si hablamos de actos inhumanos que causen grandes sufrimiento a la salud mental y física de la población, tenemos material como para diez columnas. Sin embargo trataremos de acotarlo en un cáncer en particular: la corrupción.

El concepto per se es contradictorio con el requisito de “notoria honradez” en un servidor público de El Salvador. Como agravante, hacer uso del poder conferido a un cargo público para tomar beneficio propio mientras tenemos un país que se desangra día con día por la pobreza y la delincuencia, solo tiene un nombre: inhumano.

Para mí, es inhumano pensar que hay personas que haciendo uso del poder que el pueblo les dió pudieron adquirir bancos y múltiples empresas recién privatizadas a un precio risible para venderlas años después a cantidades exorbitantes de dinero, mientras la población ni siquiera puede tener acceso a un empleo digno ni a un salario decente.

Es inhumano saber que cuando se habla del salario mínimo saltan todas las gremiales empresariales rompiéndose las vestiduras hablando del encarecimiento de la mano de obra y la ralentización en el crecimiento de la economía. A pesar de eso, no veo a nadie pagando portadas de los medios escritos nacionales diciendo que fue el “Robo del Siglo”. Mucho menos vallas, cuñas radiales y espacios televisivos que son cualquier cosa menos baratos.

Es inhumano que hayan funcionarios que viajen en jets privados de sus amigos, adquieran terrenos, automóviles y vivan en casas lujosas costeados con fondos que no encuentran explicación ni justificación, mientras todos los demás nos mojamos en nuestras casas con cada invierno, viajamos colgados en las unidades de transporte público o nos salen telarañas en la eterna espera de un autobús del SITRAMSS.

Esto constituye una alta tración al sentido primigenio de su cargo, servir al pueblo. Constituyen un agravio hacia el sentido de humanidad en la población, privándole de sus bienes y servicios fundamentales en manera eficiente. Por ello es que la mejor de las características de un crimen de lesa humanidad es que son judicialmente imprescriptibles, es decir, pueden ser juzgados en cualquier momento que se tenga la oportunidad de hacerlo.

En este momento, hay iniciativas para que la Asamblea Legislativa reconozca la corrupción como crimen de lesa humanidad. La pregunta de oro es si obtendrá el apoyo necesario ya que todos tienen cola que patear. No conviene ser el primer en señalar al otro. Nuestros expresidentes no han sido precisamente una encarnación de la honradez, integridad y humildad.

Pero el poder legislativo no podrá catalogar un hecho con tal gravedad si la población no lo percibe así. Si seguimos con vendas en los ojos creyendo que este vicio por ser histórico, es inmutable. Tenemos que demandar más de nuestros líderes. Tenemos que comenzar a cuestionar dirigentes políticos por mucho que nos caigan bien sus banderas. Pero sobre todo, tenemos que comenzar a llamar las cosas por su nombre.

Fuente: http://www.un.org/spanish/law/icc/statute/spanish/rome_statute(s).pdf

 

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