Política

9 Jul 2015
Política | Por: Carlos Alejandro Morales

¿Por qué culpar al presidente?

 Aceptar el cargo de dirigir la nación no se trata de ver a quién se le echa la culpa. Se trata de buscar soluciones, sabiendo de antemano que habrá oposición, que tendrá adversidades.

 

Hoy en día las redes sociales nos permiten, además de expresar nuestra opinión, ver y en ocasiones hasta escuchar las de otros salvadoreños que piensan igual o diferente a nosotros. En uno de esos tantos debates donde somos valientes tras el monitor, vi a varios defendiendo a quien en estos momentos está de turno como presidente de nuestra nación; otro grupo más estaba achacándole la culpabilidad del terrible ambiente de violencia, inseguridad y temor que estamos viviendo a diario en nuestro pequeño país.

Es difícil opinar de un tema como este sin molestar o crear incomodidad en alguien, pues como decían los ancianos: “nadie va a hablar mal de su propia casa aunque se esté cayendo”. Es por esa razón que muchos salen a la defensa del mandatario con argumentos comparativos: “antes era peor”, “como antes vivíamos en paz, ¿verdad?”, y al tratar de refutar esas posturas el grueso de los defensores entienden que se está defendiendo al bando contrario. Pero la realidad es otra y debemos ser lo más lógicos posibles, porque desde el momento que hubo un cambio de administración la esperanza de muchos era tener resultados diferentes.

Lastimosamente, para molestia de muchos, no podemos ignorar la norma máxima de nuestro país, o como a muchos parece gustarles, dejar de lado lo que establece la Constitución, la cual nos dice que el Presidente es “el comandante general de las fuerzas armadas”. Sumado a ello, es la máxima autoridad del Estado en el sistema de gobierno que tenemos. Esto no significa que el presidente deba agarrar un fusil y salir a la calle, sino más bien nombrar y delegar a personas ADECUADAS a las que se les pueda exigir la creación de planes ideales para combatir todo lo malo que está sucediendo.

Aceptar el cargo de dirigir la nación no se trata de ver a quién se le echa la culpa. Se trata de buscar soluciones, sabiendo de antemano que habrá oposición, que tendrá adversidades. Pero esto no es un pleito de quién pega más fuerte, es algo que requiere mente fría. Por lo tanto, si el ciudadano presidente no es el responsable, ¿entonces de qué es responsable? No es que él haya traído la delincuencia, ni mucho menos que haya nacido en su mandato, pero se le va a reclamar o exigir que actúe ahora.

¿Puede cualquier salvadoreño, incluso como yo, brindar una solución a todo lo malo que sucede? La respuesta es obvia: no podemos. Por esa razón es que elegimos gobernantes, porque depositamos (o por lo menos los que votaron por los actuales) la esperanza en un cambio, pero si traemos a colación la frase tan sonada de “los 20 años”, podemos ver si somos objetivos que esos 20 no tienen nada que enviarle a los casi siete que están por cumplirse. Si le prestamos atención a la deplorable condición que están sometidos los policías, la falta de empleo, los nuevos ricos, etc., dejaremos de echarle la culpa a los del pasado y comenzamos más bien exigirle a los del presente.

Si la duda inicial no queda clara, sí es responsabilidad de nuestro presidente velar por nuestra seguridad, una vida digna y otras cosas más y ni con todo su equipo de trabajo esto se ve alcanzable.

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