Política

28 Ago 2015
Política | Por: Joshua Alfaro

Populismo salvadoreño del siglo XXI

En nuestro país los políticos eluden los verdaderos problemas organizando festivales para el buen vivir, donde gente humilde asiste a costa de la compra de sus voluntades para aplaudir enardecidos a los gobernantes, al mejor estilo de la Antigua Roma.

Los políticos de la Antigua Roma ya hace milenios descubrieron que a las masas se les puede manipular manteniéndolas entretenidas y distraídas. Los emperadores siempre se mostraban ansiosos por organizar grandes espectáculos públicos que duraban hasta 100 días y que iban desde el más vulgo teatro hasta la explosión de éxtasis de las batallas sanguinarias entre gladiadores y fieras, mientras el pueblo caía en la decadencia, azotado por guerras, hambrunas y epidemias- Por unos días de fiestas todos obviaban los problemas del país y en grandes concentraciones públicas aplaudían enardecidos a sus gobernantes, sin importar lo corruptos, incompetentes o déspotas que éstos pudieran ser.

 

En la actualidad somos más civilizados, pero el populismo no ha cambiado. En nuestro país los políticos eluden los verdaderos problemas organizando festivales para el buen vivir donde gente humilde asiste a costa de la compra de sus voluntades para aplaudir enardecidos a los gobernantes, al mejor estilo de la Antigua Roma; otros políticos se suben a juegos mecánicos para ganarse el favor de las masas, otros niegan constantemente la realidad, responsabilizan a los medios de comunicación en lugar de asumir ellos una auténtica postura de liderazgo.

Jamás saldremos del subdesarrollo si seguimos eligiendo gobernantes populistas que lo único que hacen es dividir a la gente, censurando a la oposición, ahuyentando emprendedores e inversionistas que tanto necesitamos en el país y consiguiendo adeptos leales convirtiéndolos en seguidores dependientes de favores estatales, subvenciones y subsidios, pero detrás de la cortina inventan hasta el más ridículo impuesto con tal de seguir financiando su corrupción.

Creo fervientemente que El Salvador tiene mucho potencial y talento aún sin explotar, y aunque algunos puedan pensar que no tenemos grandes recursos o riquezas naturales, el mayor recurso y riqueza que podemos construir se encuentra en educar a nuestra gente, enseñarles a volverse independientes, emprendedores, innovadores, creativos, visionarios pero sobre todo demandantes de transparencia y verdaderos resultados de sus autoridades.

No es casualidad que muchos de los países más ricos en ingreso per cápita y muy alto índice de desarrollo humano como Corea del Sur, Luxemburgo, Dubái y Singapur sean los menos corruptos del mundo y no cuenten con muchos recursos naturales. Inclusive, éste último es tan pequeño que tiene que importar hasta el agua y la corrupción se castiga hasta con pena de muerte. Pero lo que les falta en recursos naturales les sobra en gente sumamente educada, culta e innovadora, en contraste en países petroleros y ricos en recursos naturales como Venezuela y Nigeria que resaltan niveles obscenos de pobreza.

Entonces, la pregunta es ¿cómo podemos producir más gente innovadora, más gente emprendedora y creativa para sacar adelante al país? La respuesta: abandonando el populismo y la cultura de la extorsión, invirtiendo absolutamente en la más alta educación de los niños y jóvenes, dejando de ser cómplices de la corrupción, y exigiendo una auténtica transparencia e igualdad de oportunidades para todos.

De lo contrario estaremos condenados a las palabras del teólogo Adrian Rogers cuando dijo: “El gobierno no puede entregar nada a alguien, si antes no se lo ha quitado a alguna otra persona. Cuando la mitad de las personas llegan a la conclusión de que ellas no tienen que trabajar porque la otra mitad está obligada a hacerse cargo de ellas, y cuando ésta otra mitad se convence de que no vale la pena trabajar porque alguien les quitará lo que han logrado con su esfuerzo, eso, mi querido amigo, es el fin de cualquier nación”.

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