Política

15 May 2015
Política | Por: Roberto Alfaro

Pobres campesinos

 

No se puede cosechar lo que no se siembra. ¿Cómo vamos a cosechar amor en nuestra República, si sólo sembramos odio?” – Monseñor Romero

 

Mucho se ha hablado sobre la beatificación de Monseñor Romero, tanto así que nacional e internacionalmente ya le denominan “mártir por amor” o “San Romero de América”. Si en algo debemos estar de acuerdo, es que Monseñor poseía la madera de líder, persona que velaba por los derechos de los más indefensos en la época más oscura en la historia de El Salvador.

En lo que definitivamente no estoy de acuerdo es en la manera que se ha manejado por muchos años el tema de Monseñor Romero, y me refiero especialmente en el ámbito político. Definitivamente, con la beatificación a la vuelta de la esquina sería poco prudente que sectores de la izquierda, especialmente del partido FMLN, continúen utilizando su imagen para cualquier evento que realizan, así como es totalmente hipócrita que ARENA también utilice su imagen por obvias razones.

Otro punto que ha llamado mi atención es el tema de los mil 480 “pobres campesinos” que la Iglesia necesita para que hagan acto de presencia durante el acto de beatificación. “¿Pobres campesinos? ¡Pobre quien escribió eso!”, pensé cuando leí la frase en la página web donde explican la distribución de puestos que se utilizará en la Plaza Salvador del Mundo. ¿Qué diría Monseñor Romero? ¿Estaría totalmente de acuerdo con el clasismo que se está manejando en su propio evento?

La Iglesia Católica cometió un error garrafal al llamar “pobres campesinos” a los cientos de personas que Romero defendía a capa y espada, ¿o será que la misma Iglesia en El Salvador se ha convertido en lo que Monseñor tanto criticaba? Me temo lo peor. Para muchos las iglesias en El Salvador se han convertido en un negocio más, un negocio con gran poder de influencia en las decisiones nacionales, afectando incluso a minorías y recibiendo privilegios por parte del Estado.

Como repito, estoy totalmente de acuerdo en la beatificación de Monseñor Romero; pero no estoy de acuerdo en cómo se ha utilizado su imagen durante tantos años. Hoy, la cereza del pastel se la ha llevado la misma Iglesia que vio nacer al único santo salvadoreño al utilizar expresiones despectivas ante cierto grupo social, ni qué hablar de las separaciones que han seleccionado especialmente para los “minusválidos”. Sí, otra expresión que ya no se utiliza desde poco más de una década por denotar poca o nula capacidad y resultar despectiva.

Hoy más que nunca, a la Iglesia no se le debería olvidar que esos “pobres campesinos” deberían estar en primera fila ese día tan esperado por todos. A las autoridades del Arzobispado de San Salvador no se les debe olvidar que gracias a esos “pobres campesinos” Monseñor Romero pudo ser capaz de empatizar con el pueblo salvadoreño y velar por su bienestar a pesar de la agonía que estaba viviendo durante el conflicto armado. También es hora que la imagen de Romero se venere como debiera ser: un líder empático con los más necesitados; y no una cara más en la bandera de un partido político cuyas raíces ni siquiera han estado alineadas con una religión.

Autoridades de la Iglesia: aprovechen esta fecha para demostrar que en El Salvador somos coherentes, porque si de etiquetas se tratara esta beatificación, deberíamos llamar entonces a mil 480 humildes y honrados campesinos, a varios políticos corruptos, oportunistas funcionarios, cientos de feligreses hipócritas, y al resto del pueblo que se desangra día a día con los mismos problemas que llevaron a convertir a Monseñor Romero en un mártir por amor.

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