Política

10 Dic 2015
Política | Por: Eduardo Moz

No hay navidad, no hay esperanzas

Fue hasta el 3 de diciembre del año pasado que mi fuente de inspiración se derrumbó; todo lo que había construido a lo largo de mis 21 años se desbarató.

Desde mis primeros años de vida me he caracterizado por ser una persona fuerte. El logro más grande fue vencer la batalla a la leucemia que me diagnosticaron cuando tenía la edad de 4 años, aunque pasé 6 años en tratamiento y quimioterapias en Oncología del Hospital Nacional de Niños Benjamín Bloom. Sí, soy de ese 1 en un millón que resistió a las quimioterapias y no falleció durante el proceso, claro todo se lo debo a la insistencia y apoyo de mi madre que no le importaba tener que desvelarse, madrugar o no ir a trabajar con tal de que yo recibiera debidamente mi tratamiento.

El ser que me dio la vida siempre se convirtió en mi motor y mi inspiración para poder cumplir mis metas. No había ocurrencia que yo no tuviera y que ella no me apoyara, desde pequeño siempre me gustó participar en concursos de oratoria y no hubo uno que ella se perdiera; ahí estaba, donde quiera que fuera a disertar, incluso hasta se tomaba el tiempo para ensayar conmigo, me escuchaba y de vez en cuando me daba una que otra corrección.

Fue hasta el 3 de diciembre del año pasado que mi fuente de inspiración se derrumbó; todo lo que había construido a lo largo de mis 21 años se desbarató. Eran alrededor de las 4:15 de la tarde, yo recién había salido de la universidad, aún me encontraba en San Salvador, cuando una llamada lo cambió todo. Entre gritos y llantos me decían algo que no podía comprender, solo sabía que no era nada bueno, hasta que logré escuchar que mi madre mientras trabajaba (en Santiago Nonualco) había sido víctima de la violencia, que un cobarde sin mediar palabras se le acercó poniéndole un arma de fuego en el pecho y le disparó en tres ocasiones, huyendo del lugar.

Cuando recibí la llamada mi madre aún estaba en el lugar de los hechos sin recibir ningún auxilio. Las personas que estaban cerca trataron de ayudarla pero era necesario trasladarla a un hospital, era muy grave, hacían parada a los carros que pasaban, sin embargo, nadie atendía el llamado de auxilio. Fue hasta que pasó por pura casualidad, como es costumbre, una patrulla de la PNC, la levantaron del suelo y la subieron en la cama del pick up para trasladarla al Hospital Nacional Santa Teresa de Zacatecoluca, pero no resistió y falleció a medio camino.

Esas son las condiciones lamentables por las que atravesamos los salvadoreños día a día. Mi madre formó parte de los casi 4 mil homicidios en el país con los que cerró el año 2014 y con el deficiente sistema de seguridad público el caso sigue impune, y en lugar de disminuir los homicidios contra personas trabajadoras y sin ninguna mezcla con pandillas aumenta cada vez más.

Con la pérdida de ese grandioso ser se fue la de sus tres hijos, su esposo y la de las personas que la aprecian y que aún la recordamos como una persona luchadora, carismática y emprendedora.  No había persona a quien no le sacara una sonrisa con sus ocurrencias y que a pesar de los problemas siempre andaba sonriente, porque como ella misma decía: esos los dejaba en casa.

No sé qué sería peor: que el asesino ande suelto o que sea enjuiciado por las autoridades competentes que sin temor a equivocarme como muchos de los casos el hechor intelectual será puesto en libertad o con una pena mínima, porque como es costumbre el sistema de seguridad no será capaz ni de recabar las pruebas contundentes. Solo sé que nada de lo que pase regresará la vida de mi mamá.

Para la mayoría de las personas estas fechas se vuelven especiales y son las esperadas de todo el año, en cambio en mí desde hace un año no existe la alegría de la Navidad, porque es época para compartir con los seres que más amas y eso no puede pasar cuando no tienes contigo al ser que más amas. Ese es mi caso.

Sin embargo, aunque el camino no ha sido nada fácil sigo luchando por mis sueños y por los de ella, que siempre era verme graduado. “Ya falta poco”, me decía cada vez que finalizaba un ciclo y aunque no esté aquí sé que desde el cielo festejará conmigo ese triunfo que sabe se lo dedicaré a ella. Te amo mamá. Estarás orgullosa de mí, lo prometo.

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