Política

14 Oct 2015
Política | Por: Fernando Colocho

Nací salvadoreño, moriré centroamericano

“Nosotros no coligamos Estados, nosotros unimos hombres” – Jean Monnet, Padre de la Unión Europea.

La sangre no conoce nacionalidades. Desde el cielo no se aprecian fronteras. Es así como pueblos originalmente nacidos como hermanos buscan reencontrarse con su naturaleza primitiva. Centroamérica, un gigante dormido en busca de su identidad. Así es como en la esencia de países con diferentes nombres y colores late vigorosamente un mismo corazón.

Hablar de integración es un concepto abstracto per se. Una aspiración que está ligada al imaginario colectivo latinoamericano desde el propio nacimiento del conjunto de entidades nacionales. Se entiende integración desde el prisma en que se observa. Vincular una gama de componentes desde el fortalecimiento económico hasta la seguridad democrática, pasando por el desarrollo social y la adaptabilidad ambiental.

En ese marco, es importante dar a conocer que hoy se celebra un día histórico para nuestra región. Por decreto de la Asamblea Legislativa de El Salvador, se reconoce cada 14 de octubre como «Día de la Integración Centroamericana» conmemorando aquel histórico 14 de octubre de 1951 en el que –con espíritu realmente visionario– los gobiernos de Guatemala, Costa Rica, El Salvador, Honduras y Nicaragua suscribieron la llamada Carta de San Salvador, que crea la Organización de los Estados Centroamericanos (ODECA) con sede en El Salvador. La conformación de la ODECA se convierte en la concreción de muchos esfuerzos integracionistas que procuraban la reunificación de los países centroamericanos desde el fin de la República Federal de Centroamérica en 1840.

Sin embargo, muchos años después –complejos hechos históricos de por medio– nace un hito que cambiaría el paradigma integracionista hasta el momento y daría un nuevo aliento de vida a aquel ideal morazánico. El 13 de diciembre de 1991, en el marco de la XI Reunión de Presidentes Centroamericanos, realizada en Tegucigalpa, Honduras, se firmó el Protocolo de Tegucigalpa a la Carta de la ODECA, que dio origen al Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), como un nuevo marco jurídico-político para todos los niveles y ámbitos de la Integración Centroamericana, tales como los aspectos económicos, sociales, culturales, políticos y ecológicos que permitan visualizar un desarrollo integral para la región. El SICA se alza como sucesor y legítimo heredero de la ODECA para constituir Centroamérica en una región de paz, libertad, democracia y desarrollo.

En ese contexto, las repúblicas de Centroamérica somos partes disgregadas de una misma nación, pero permanecemos unidos por un vínculo indestructible que conviene aprovechar y consolidar en provecho colectivo. No obstante, se levanta una sociedad civil cada vez más crítica y con más acceso a la información; la única razón para que la población desconozca de estos esfuerzos políticos para fortalecer la región y consolidarse como un bloque competitivo hacia el mundo, se debe a una brecha comunicacional que impide la participación activa e incidente de bloques clave como la juventud bajo la perspectiva académica.

Centroamérica se encuentra en una ubicación geográfica estratégica, pues horizontalmente es sujeto de tránsito interoceánico y verticalmente es un puente de circulación natural entre las Américas.

Parafraseando a David Ernesto López, el proceso de la integración centroamericana se entiende como si fuese el sancta sanctorum, donde solo puede entrar Dios o el Sumo Sacerdote. Todo lo contrario. Se requiere utopía, teorías que cuestionen los procesos estructurales vigentes y pretendan modificarlos.

Para ello es imperante reconocer que la teoría desconectada del análisis empírico de la realidad es técnica, no sirve para nada; pero la praxis, sin un espacio de reflexión teórica, es ciega. Sobre el tema hay vasta tela que cortar. No estamos viendo en retrospectiva un proceso avejentado en fotos amarillentas. Estamos escribiendo historia. Una Centroamérica más integrada que nunca comprometida con este proceso reunificatorio e irreversible.

Un grupo de Estados nacidos como uno están destinados a pelear como uno. No decidimos nacer salvadoreños, guatemaltecos o costarricenses. Pero sí podemos decidir algo… luchar por los ideales de Centroamérica. Podemos decidir morir como centroamericanos.

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