Política

5 Jun 2013
Política | Por: Ricardo Avelar

Mil novecientos sesenta y ocho: un mea culpa

Han pasado ya cuarenta y cinco años desde que los tanques violentaron las flores en aquella primavera de Praga. Desde que mayo se vistió de sangre en París. Desde que el batallón Olimpia se infiltró entre aquellos revoltosos en Tlatelolco. Han pasado ya cuarenta y cinco primaveras desde el año más turbulento de nuestra historia moderna y aquí estamos, de cuando en cuando pretendiendo hacer patria muy a nuestro estilo.

Claramente no viví ese año, pero emocionado abro los libros que narran estas cortas pero intensas batallas que anunciaban el gran fenómeno del siglo XX: el aumento de las demandas políticas y el surgimiento una nueva conciencia sobre los abusos que se cometían en nombre del Estado que contrastaba con el cierre de canales institucionalizados para expresarse. Había mucho que decir, pero no había dónde decirlo.

Y cuando las páginas de los periódicos no se manchaban de tinta libre y crítica, se manchaban de sangre plazas como la de las Tres Culturas, como la de Wenceslao.

Cuarenta y cinco años después me pregunto, un poco por nostalgia y un poco por curiosidad, dónde está el sesenta y ocho de nuestra generación. Dónde están los jóvenes que, cargados con principios, son capaces de enfrentarse a los abusos de poder, esta vez no con armas, sino con letras, con intelecto, con ideas.

***

El sábado 25 de mayo  fui testigo de un espectáculo que por una parte me alegró y por otra me aterró. Medio Lleno organizó la tercera edición del MedioLlénate, un foro que busca externar las inquietudes de los jóvenes y hacerlas llegar a la clase política actual, a fin de crear un “Plan de Gobierno de los jóvenes” de cara al evento electoral de 2014.

Asistir a un escenario donde decenas de jóvenes habían estado debatiendo y generando ideas me llenó de satisfacción. Al notar la cantidad de políticos –incluyendo los candidatos presidenciales- que asistieron a escucharles, me sentí profundamente orgulloso…

…Hasta que llegó la hora de las propuestas. Las mesas temáticas desfilaron frente a la concurrencia enumerando problemas y soluciones, y es precisamente ahí donde encontré lo aterrador del evento. Con honrosas pero escasas excepciones, las mesas más que propuestas, leyeron cartas a Santa.

Mayor asignación presupuestaria, programas estatales más grandes, más regulación por aquí y más de supervisión por allá eran algunas de las ideas que se escuchaban. Me faltó escuchar de dónde saldría la plata. Me faltó que me explicaran cómo pretenden resolver problemas causados por un Estado ineficiente con ¡más Estado! Me faltó escuchar una mesa que dijera “señores políticos, de este tema no se preocupen. Nosotros lo solucionaremos. Para eso somos ciudadanos”.

Entré al salón entusiasmado esperando escuchar propuestas alternativas y un poquito de rebeldía. En cambio me encontré con una generación que en lugar de cuestionar a sus políticos duramente, les aplaude y valida sus discursos emocionales.

Que sirva esta columna como un mea culpa. Soy parte de una generación con un potencial enorme de rebeldía sensata, que en lugar de tirar piedras, tiro ideas innovadoras. De una generación que ya no tiene que pedir permiso para decir “no estoy de acuerdo”. Y aun así, me he acomodado, como muchos otros, a esperar que el cambio venga como milagro. A que mi único rol ciudadano sea pagar impuestos.

No sé dónde está el sesenta y ocho de mi generación, pero me urge encontrarlo.

*Felicito a Medio Lleno por su iniciativa, por fomentar el debate y por tan impactante evento. Sin embargo reto a los jóvenes -¡ME RETO A MÍ MISMO!- a dejar de ser tan complacientes con la clase política. Este espacio fue una gran oportunidad para decirle al Estado: “gracias, pero no gracias. Nosotros podemos”. Lo dejamos ir.

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