Política

25 Feb 2014
Política | Por: Gerardo Torres

Los hijos de papi y el tirano democrático

El presidente Mauricio Funes, en su afán desmedido de protagonismo, ha llamado “hijos de papi” a los miles de jóvenes que protestan en contra del Gobierno de Nicolás Maduro. Parece que nadie está a salvo de los ataques del Presidente de la República. No importa tu posición social, sexo, edad o nacionalidad. No hay término medio: o estás con él o contra él. Parece que Nicolás Maduro y Mauricio Funes no son tan distintos. Ambos se creen dueños de la verdad y están dispuestos a pasar por encima de cualquiera que no los adule. No toleran oposición y responden de manera desmedida a las críticas.

Es contradictorio que un presidente, con pasado de periodista crítico, desprecie a jóvenes que se manifiestan en contra de un gobierno opresor. ¿Qué habría dicho Mauricio Funes si aún fuera comunicador? Lo más seguro es que les hubiera expresado su apoyo; pero parece que el poder lo cambió. Encima de esto, las imágenes demuestran que la mayoría de los jóvenes que protestan no son exactamente “hijos de papi”. Provienen de todas las ciudades de Venezuela y de todas las clases sociales. Además, ¿habría problema si lo fueran? ¿No tienen ellos derecho a manifestarse? ¿Es digno de un Presidente de la República referirse así a un grupo de jóvenes que protestan pacíficamente por un mejor futuro?

El líder opositor al que le han privado de su libertad, Leopoldo López, ha mandado un mensaje contundente a Nicolás Maduro, y el presidente Funes debería tomar nota: “Qué tiene que hacer el presidente dando instrucciones a la Fiscalía o a los tribunales”. Ambos mandatarios se han burlado de la separación de poderes y han asumido funciones que no les corresponden. La lógica de Maduro y Funes es la siguiente: cuando la protesta les favorece le llaman voluntad y expresión del pueblo; cuando la protesta les perjudica, “fascistas” o “hijos de papi”.

Asimismo, el candidato del FMLN, Salvador Sánchez Cerén ha defendido, en una entrevista con Moisés Urbina, que un gobernante electo “democráticamente” no puede ser un tirano. Grave error:  se le ha olvidado que Hitler llegó al poder apoyado por las urnas y resultó ser un tirano. Eso no es excusa. Tirano es quien no respeta la separación de poderes, quien usa la fuerzas de seguridad para atacar a su propio pueblo, quien censura a los medios de comunicación y quien arresta a opositores por estar en contra de él. La manera en la que esta persona alcanzó el poder es secundaria. El tirano se define por sus acciones no por su procedencia.

Es peligroso que Sánchez Cerén piense de esta forma. ¿Qué pasará si gana las elecciones? ¿Creerá que todo le está permitido por haber triunfado en las urnas? Esperemos que no. Aunque las señales no son buenas. No podemos olvidar que el candidato del FMLN se refirió a Venezuela como “el faro que ilumina a toda América Latina”.

El FMLN ha cambiado mucho en los últimos años. Antes defendía a los débiles y oprimidos; ahora justifica a gobiernos que utilizan las armas contra su propio pueblo. Los desfavorecidos y vulnerables en Venezuela no son los seguidores de Nicolás Maduro, sino la gente desarmada que está en la calle protestando por un país con oportunidades y donde nadie esté por encima de la Constitución. Esas son las personas a las que debería apoyar un partido con “sensibilidad social”. Solo le pido una cosa al señor Sánchez Cerén: en caso de ganar, por favor, no intente imitar al presidente de ese “faro”.

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