Política

1 Abr 2016
Política | Por: Fernando Colocho

Los eternos desafios del CA-4

Recién finalizado el periodo vacacional, consideré adecuado reflexionar sobre una anécdota particular que viví en carne propia al regresar de una visita, vía terrestre, a nuestro hermano país Guatemala.

En el momento en que me dirigí a las oficinas de migración ubicadas en la frontera para hacer el chequeo de rutina, luego de revisar mi Documento Único de Identidad, el personal migratorio de Guatemala me entregó -casi sin voltear a verme- un sencillo papelito blanco sellado. Nada más. No hubo indicaciones de ningún tipo acerca del significado de aquel papelito ni alguna recomendación para conservarlo dada su singular y repentina importancia.

No es de sorprenderse que yo, al igual que otro de mis compañeros, termináramos extraviando el papel. Nuestra sorpresa sería cuando intentábamos cruzar nuevamente la frontera en nuestro camino de regreso que no solo era estricta obligación presentar el papel en la oficina migratoria chapina sino que se imponía una multa de Q200.00 (equivalente a US$25.89 con la tasa de cambio actual) a quien no portara el dichoso “mecanismo de control”. Como cereza al pastel, la persona que nos atendió manifestó una evidente molestia y falta de profesionalismo a la hora de tratar nuestro caso.

Como bien es sabido, nuestra calidad de ciudadanos salvadoreños nos permite gozar de ciertos privilegios migratorios a la hora de visitar a nuestros vecinos centroamericanos. Esto es más un conocimiento empírico ya que en general desconocemos el alcance de dicho privilegio, el acuerdo en el que se sustenta dicho derecho y cuáles son los principios que lo originaron.

El 9 de marzo de 2006, en el marco de la Cumbre Extraordinaria de Jefes de Estado y de Gobierno del Sistema de la Integración Centroamericana, realizada en la Ciudad de Panamá, se discutieron aspectos clave para la instauración de una libre movilización de factores productivos a lo largo de todo el territorio centroamericano. De dicha reunión emanó un Mandato Presidencial donde se instruye a las autoridades competentes, para que en coordinación con la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (SIECA) y la Secretaría General del SICA se presentara una propuesta de mecanismo para la pronta eliminación de los controles migratorios en los puestos fronterizos de los pueblos y gobiernos que conforman el bloque CA-4 (Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua).

Dicha iniciativa originó lo que ahora conocemos como el Convenio Centroamericano de Libre Movilidad o en términos generales, el CA-4. El principal propósito de este convenio es facilitar la libre circulación de los ciudadanos de los países ratificantes sin restricciones adicionales más que presentar un documento de identificación: DPI en caso de los guatemaltecos, DUI en caso de los salvadoreños, cédula en el caso de hondureños y nicaragüenses.

No es el primer esfuerzo de homologación de políticas migratorias en un modelo de integración regional, nuestros aliados de la Unión Europea lo instauraron con la firma del Acuerdo de Schengen el 14 de junio de 1985. Luego se integra plenamente al marco jurídico de la UE por medio del Tratado de Amsterdam en 1999. Con ello, Europa suprimió considerablemente los controles migratorios en las fronteras internas de los países firmantes y trasladaron esos controles a las fronteras externas conformando un bloque transfronterizo unificado. Por esa razón, una persona puede circular libremente por las fronteras europeas que conforman el Acuerdo una vez haya ingresado por una sola de sus fronteras externas o que sea residente de uno de los países que aplican el Convenio.

Dada la comparación, me permito reconocer que tenemos claros desafios como bloque centroamericano para generar facilidades en el tránsito migratorio por nuestros territorios. Estamos en camino de lograr una libre movilización de factores productivos en toda Centroamérica pero no será posible mientras la ineptitud, la corrupción y la burocracia caractericen nuestras fronteras ante el mundo.

Podemos claramente posicionarnos como un atractivo turístico a nivel mundial, pero para eso debemos modernizar nuestros sistemas de registro migratorio, unificar criterios y mecanismos de control fronterizo, invertir en infraestructura y unificar nuestra visión como países centroamericanos.

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