Política

5 Feb 2014
Política | Por: Gumercindo Ventura

Locura política

Que poco más del 50% del electorado haya votado nos dice algo, la oferta política no era la más inspiradora. 

Pensamos que ya se había terminado pero no, todavía falta que se “ponga bueno”. La mayoría ya estamos hartos de tanta propaganda. Por todos lados nos metieron slogans, canciones, ataques y números de encuestas. Por todos lados escuchamos quejas: que los candidatos no son ideales, que había que escoger entre el peor de los males, que no hay relevos, entre otras.

Que poco más del 50% del electorado haya votado nos dice algo, la oferta política no era la más inspiradora.  Teniendo una oferta tan pobre era fácil hacer notar la falta de credenciales que tenía cada uno de los candidatos, y no es para menos. Lo más grato sería que, para un puesto tan importante como el de Jefe de Estado, no tuviéramos que escoger entre un comunicador, un profesor y un odontólogo, lo digo con respeto a quienes ejercen esas profesiones.

Alguien que va a liderar, definir y ejecutar estrategias y proyectos de país debería tener educación avanzada y conocimiento profesional en derecho, economía, ciencias políticas u otras carreras afines. Claro que una buena educación y carrera no aseguran ni criterio, ni buen desempeño ni rectitud de un funcionario público. En fin, lo que tenemos son pocas opciones de dónde escoger, y lo poco que hay es muy cuestionable.

Los partidos están en una crisis de principios, donde no podemos ni distinguir entre los discursos de una fracción y otra porque lo que prima es populismo. La corrupción, el compadrazgo y los escándalos son tantos y tan frecuentes que es difícil para el ciudadano, quien está más preocupado por sustentar a su familia con su trabajo, mantenerse al tanto de tanto circo.

Lo que hacemos es quejarnos. Nos quejamos con amigos, cenando con la familia, un tuit por acá, un post de Facebook por allá. No está mal, son temas importantes y hay que crear conciencia, pero la solución a estos problemas no sale de la mesa de la cena, ni tampoco del teclado de su computadora. Ese “Activismo Light” , a muchos nos da el sentimiento que ya cumplimos. Con un “like”  o con un “share” pensamos que ya dimos nuestra contribución y ya estamos aportando.

No basta con eso. Para cambiar las cosas hay que involucrarse. Es difícil, claro. Mientras usted trabaja de 8 a 6 trabajando honestamente, hay 84 tipos en un palacio y otro tipo en una caravana que hacen y deshacen a su antojo. A pesar de esto, la forma más directa de tener una incidencia real es haciendo política.

Esto tampoco es un llamado a que todos se metan a partidos políticos. La política se hace desde diferentes trincheras y los partidos políticos son una de ellas, pero también están las organizaciones y la prensa entre otros. Piense que al político le conviene que usted esté cómodo sin involucrarse. Le conviene que se sienta satisfecho con un tuit ingenioso. Eso poco le afecta, siempre y cuando usted no se involucre hay menos presión para él, total nadie le pide cuentas.

No esperemos que las cosas cambien si no nos involucramos. Decía Einstein que la definición de “locura” es esperar resultados distintos haciendo siempre lo mismo. Nosotros le hemos estado apostando a los mismos caballos, ¿por qué esperamos que hoy respondan de manera distinta? Si no nos metemos van a ser los mismos los que van a seguir ahí enquistados, y seremos los mismos los que nos seguiremos quejando.  

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