Política

20 May 2015
Política | Por: Juan Carlos Méndez

Lecciones políticas de Monseñor Romero

Monseñor Romero nos dejó muchas lecciones de su vida que pueden ser replicadas en este tiempo para cambiar la realidad. Liderazgo, una vida libre de paradigmas y principios morales…eso nos dejó.

La figura de Monseñor Romero nos dejó muchas cosas para poner en práctica. Lejos de ser una imagen politizada por el FMLN, que lo pone a la par del Ché Guevara y Schafik Hándal, al estudiar a Monseñor Romero no solo vemos una persona que buscaba a través de la palabra de Dios concienciar a las personas. Vemos también a un activista en contra de las injusticias sociales y su clara postura a favor de la clase pobre. Romero no fue militante de un movimiento político, tampoco un insurgente de su época; su ideología era fe, esperanza y amor.

Hay muchas maneras de conocer de Monseñor Romero. En internet hay un sinnúmero de artículos sobre su vida, cada año se hacen celebraciones en su nombre y en la UCA hay un museo que contiene mucha información de él. Al conocer de Romero, nos damos cuenta de que no solo fue un sacerdote, sino un defensor de los pobres, de los derechos del hombre, discernidor de la verdad, y la “voz de los sin voz”. Se es necesario aprender de su figura histórica hoy que cada vez más nos volvemos una sociedad ingenua a pesar de que el mundo avanza.

El liderazgo de Monseñor Romero sí  surge de la noche a la mañana. A pesar de que en su ministerio sacerdotal ascendió constantemente hasta llegar a ser el Arzobispo de San Salvador, su pleno liderazgo lo alcanzó hasta que su mejor amigo y consejero, el padre Rutilio Grande, fue asesinado, desatando en Romero la denuncia contra la violencia en sus homilías y ofreciendo esperanza en el pueblo para cambiar la situación.

La violencia que vivió Romero no fue muy distinta a la actual. Hoy, los grupos pandilleriles cobran vidas a diario, vivimos con temor a causa de la violencia y esto afecta nuestra paz y bienestar. Denunciemos el abuso político y exijamos a quienes elegimos políticas públicas de desarrollo que nos generen bienestar. Propongámonos liderar cada cosa que hagamos y no esperemos que otros hagan lo que nos corresponde.

En nuestra sociedad todavía existe el odio entre clases sociales, estereotipamos a la gente demasiado rápido y obviamos las bondades de cada uno. Monseñor Romero tenía una actitud frente a la realidad y a la persona muy distinta: servicio y amor para con la gente, creando así oportunidades para otros; un fuerte deseo de convertir a la sociedad al camino de Dios, optando por el amor y la solidaridad, dejando así el odio con su rival.

Algunos creen que la esperanza no sirve de nada, pero sin esperanza no hay emprendimiento que dé resultado. Eso hacía Romero: sembraba esperanzas de cambio y alentaba a la transformación humana. Dejemos las rivalidades políticas, el país necesita unirse en una misma visión. No pongamos la esperanza en políticos populistas, pongámosla en nuestro propósito y trabajo, porque con eso aportamos más que nada.

Hoy parece normal que los políticos sean corruptos, que algunas empresas atropellen derechos laborales y que quizá nunca alcanzaremos las oportunidades porque estas se concentran en unos pocos. Monseñor Romero predicó una vida de principios que lo llevaron a actuar conforme a lo que decía. Principios son los que nos faltan: responsabilidad para un mejor orden social, amor que nos una como país, sensatez ante lo malo y hostil. Solamente alguien con sólidos principios puede ser un agente transformador de la realidad.

Monseñor Romero llegará a ser un santo para los católicos, y un símbolo para muchos. Pero su vida no debe quedarse en la mente y el corazón, debe traducirse en acción para transformar nuestra realidad.

***NOTA DEL AUTOR***

No soy católico y tampoco conocí a Monseñor Romero. Nací en 1990 y me declaro cristiano evangélico. Casi por tres años fui guía voluntario del Centro Monseñor Romero en la UCA, lo que profundizó mi deseo por conocer más acerca de la vida de Romero.

 

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