Política

13 Jun 2014
Política | Por: Roberto Alfaro

¿Le apostamos a un nuevo amanecer?

“Los funcionarios son los empleados que el ciudadano paga para ser la víctima de su insolente vejación.” – Pitigrilli

A estas alturas del juego, quienes nacimos en la década de los 90 hemos vivido, aproximadamente, cinco períodos presidenciales. Quienes nacieron en la famosa década de los 80 han experimentado cuatro períodos más y, quienes nacieron en la década de los 60 han vivido, hasta hoy, 16 períodos presidenciales. El conteo no se detiene aquí. Alguien que esté por cumplir 90 años ha vivido 26 períodos de sucesión de poder. Pero me centraré en las últimas generaciones cuatro décadas.

¿Qué tienen todos estos períodos en común? Unos han sido de derecha, otros de izquierda, otros demócratas cristianos, otros militares. Prácticamente hemos tenido a todos los bandos en el poder, pero ¿qué han tenido realmente en común? La percepción de que ninguno de ellos ha orientado a El Salvador en el camino del desarrollo podría cruzársele en la mente a más de alguno. También se podría decir que ningún gobierno, hasta el momento, le ha apostado verdaderamente a la educación como pilar básico del crecimiento.

Si nos ponemos a pensar, la balanza entre cosas buenas y malas en todos estos períodos se decantan, lastimosamente, del lado menos esperado. No es que El Salvador solo haya vivido en un escenario lamentable, pero desde la década de los 70 han ocurrido una serie de eventos de los que, aun hoy, vivimos las secuelas. Entre ellos se podrían mencionar la masacre estudiantil del 30 de julio de 1975, el estallido de la guerra civil en 1980, el asesinato de Monseñor Romero, el surgimiento y evolución de las estructuras delincuenciales postguerra y muchos hechos más.

Por si fuera poco, en pleno 2014 empezamos a descubrir hechos de corrupción cometidos por exfuncionarios públicos, casos de diputados envueltos en cárteles de droga e incluso ministros siendo investigados por posible tráfico de armas. No estaría fuera de lugar pensar que, en un futuro cercano, sabremos de más casos de corrupción en la pasada gestión presidencial. ¿Será que El Salvador está condenado a vivir otras cuatro décadas sumergidas en la oscuridad?

Existe un dicho que dice “la noche es más oscura justo antes del amanecer”. Si algo puede aprender el joven salvadoreño de las pasadas gestiones presidenciales es a cómo no se deben hacer las cosas. El tener una posición como funcionario público no da el derecho de aprovecharse de los recursos estatales para el enriquecimiento personal. Sin embargo, la culpa de tan lamentable panorama no recae solamente en el gobierno, sino en la población salvadoreña. ¿Cómo podemos pedirles a nuestros dirigentes un buen desempeño si nosotros, sus jefes, no les exigimos resultados?

Cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Estoy seguro de que El Salvador se merece ya algo mejor. Nuestra nación debe iniciar un cambio radical donde todos nos involucremos en materia política, económica y social. Ya no se valen los discursos populistas llenos de odio y revanchismo. En pleno siglo XXI nuestro país le debe apostar a las capacidades de nuestra juventud; capacidades que estoy seguro son iguales o mejores que muchos países de la región.

El Salvador no puede caminar solo, porque nosotros mismos somos El Salvador. ¡Ya basta de excusas! Es hora de despertar e iniciar a trabajar por un fin común: el desarrollo y bienestar nacional. Recuerden que la noche es más oscura justo antes del amanecer y estoy más que seguro que El Salvador tiene toda la capacidad de iniciar, de una vez por todas, un brillante amanecer.

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