Política

28 Ene 2014
Política | Por: Gerardo Torres

Las elecciones y los fanáticos

A lo largo de la historia de El Salvador, diversos candidatos presidenciales han prometido que ellos acabarán con la corrupción y llevarán al país por la senda del progreso económico. Sin embargo, cada cinco años llegan nuevas elecciones y el país continúa con los mismos problemas del pasado.

La historia del presidente superhéroe ha abandonado la cultura popular salvadoreña. La desilusión por la clase política se ha apoderado del país. Las promesas rotas han hecho que los salvadoreños pierdan la confianza. Son pocos, muy pocos, los que aún siguen creyendo que en las próximas elecciones se elegirá al presidente que salvará al país. La mayoría cree que todo seguirá igual.

Parece que El Salvador se ha dado cuenta de que los corruptos no se extinguen con la llegada de un nuevo partido político, solo cambian de bandera. La violencia no cesa de la noche a la mañana por la llegada de un nuevo presidente; el crimen sigue, y seguirá, existiendo.

Los fanáticos de los partidos políticos se han convertido en minoría. La mayoría de salvadoreños ha dejado de apoyar a un partido político de manera incondicional. La ciudadanía ha adquirido el sano hábito de exigir cuentas a sus mandatarios; castigando al que lo hace mal y premiando al que lo hace bien. Las manifestaciones de madurez democrática de gran parte de la población son innegables.

Ahora bien, los fanáticos de los partidos políticos siguen, y seguirán existiendo. La ideología ha hecho que estas personas perciban la realidad como blanco o negro, en lugar de admitir que lo que predomina son las distintas tonalidades de gris.

Los militantes incondicionales del FMLN perciben que las elecciones son el campo de batalla en el que el proletariado se impondrá a los malvados capitalistas. Tras la victoria, están convencidos de que su candidato, Salvador Sánchez Cerén, establecerá la sociedad sin clases. Sin embargo, el paraíso terrenal que aspiran construir es utópico. Serán decepcionados por su candidato.

Los seguidores devotos de ARENA están convencidos de que las elecciones son una lucha entre el bien y el mal. El malvado comunismo debe ser derrotado por el bondadoso capitalismo. Los fieles militantes de ARENA creen que su candidato, Norman Quijano, es el único que puede salvar al país. Es una utopía pensar que alguien es el dueño de la verdad. Serán decepcionados por su candidato.

El problema con los fanáticos es que son incapaces de exigir cuentas y castigar a sus candidatos por sus errores. Les han impuesto una visión de la realidad en la que todo lo que hace su candidato está bien y todo lo que hace el candidato del otro partido está mal. Han perdido el juicio crítico.

Es una señal positiva que en el país haya cada vez menos devotos a los partidos políticos. Gran parte de la ciudadanía ha adquirido un juicio crítico y es capaz de votar por banderas distintas en elecciones distintas, algo impensable en el pasado. En fin, aunque los políticos y los fanáticos no hayan cambiado; gran parte del país ha cambiado, y esto es un respiro de esperanza en una sociedad convulsa.

 

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