Política

30 Abr 2013
Política | Por: Ricardo Avelar

La vida moderna de…

 

Si creciste en los mismos años que yo, es muy probable que al leer el título de esta columna, automáticamente hayas pensado en La vida moderna de Rocko, una satírica y burlona caricatura transmitida en los años noventa por la cadena estadounidense Nickelodeon.

Seguramente te preguntarás qué hace una columna de la sección política hablando de una caricatura, y particularmente esta, llena de sin sentidos y animales conviviendo en una ciudad extraña como O-Town. No es el propósito de esta columna un arranque de nostalgia televisiva, sino una interesante reflexión a la que no llegué sino hasta los últimos años.

La vida moderna de Rocko, además de estar cargada con sátiras sociales, estereotipos y mensajes subliminales, nos deja una lección interesante sobre un fenómeno bastante presente a lo largo del mundo.

El fenómeno más particular de O-Town, el pueblo donde se desarrolla la caricatura, es su forma de gobierno. Aunque cuenta con un ayuntamiento encargado de los asuntos locales, este tiene un poder real casi nulo y su estructura de toma de decisiones depende casi en su totalidad de Conglom-O, el gigantesco conglomerado de empresas que controla los destinos de la ciudad e incluye en su planilla a todos los funcionarios que gobiernan la ciudad.

Esta particular situación, que pasa desapercibida por la mayoría de espectadores de esta caricatura, es una crítica durísima a la colusión existente entre las élites económicas y las estructuras de poder en muchos rincones del mundo.

Este fenómeno es conocido como crony capitalism, o capitalismo de amigos, en el que los verdaderos empresarios, que basan su éxito en la competencia y la satisfacción de necesidades, se sustituyen por buscadores de rentas, que buscan aumentar sus márgenes de utilidad por medio de procesos no productivos, aprovechando sus conexiones en la arena política.

Esta colusión entre políticos y falsos empresarios es constantemente señalada como un vicio resultante del libre mercado, cuando este aboga precisamente por lo contrario: igualdad ante la ley y libre competencia, sin beneficios, sin condiciones artificiales y sin “ayuditas” que distorsionen la relación voluntaria entre aquellos que producen y aquellos que consumen.

En La vida moderna de Rocko, Conglom-O tiene un cínico lema: “nos perteneces”, y no es de sorprenderse. Con beneficios creados por los políticos (a quienes les pagan altos salarios), no tienen competencia, pueden ignorar las preferencias del consumidor y tienen cero interés por preservar el ambiente en el que operan.

Los intentos de ciudadanos de O-Town por protestar ante el alto poder del conglomerado son reprimidos rápidamente o terminan ahogándose en la interminable burocracia. Poco a poco, Conglom-O se convirtió en una corporación de proporciones monstruosas cuyo interés es preservar su poder y conservar los beneficios financiados con los impuestos de los ciudadanos.

En el mundo real, este capitalismo de amigos (erróneamente llamado neoliberalismo, ¡aunque de liberal no tiene nada!) tiene consecuencias devastadoras para la sociedad en que vivimos, pues desincentiva el emprendimiento, distorsiona el sistema de precios que permite el cálculo económico y prolonga la idea de que para ser exitoso, en lugar de satisfacer necesidades, debe aspirarse a ser un día el afortunado amigo del político de turno.

¿Cómo no van a deprimirse el instinto creador del humano y la capacidad de innovar cuando las posibilidades de volver rentable el ingenio dependen de los contactos dentro del sistema político?

Afortunadamente, tenemos ejemplos como el de esta divertida serie para apreciar cómo luciría un mundo en el que los políticos son totalmente sumisos a grupos de interés y harán uso de todo el aparato estatal para proteger a sus amos, estos falsos empresarios.

Debería esto servirnos de lección para ser más críticos a las constantes protecciones estatales, a los subsidios, a las interminables barreras de entrada y la tramitología eterna que reina en nuestro país. ¿A quién estamos protegiendo? ¿Realmente beneficiamos a todos los salvadoreños o sólo buscamos proteger intereses particulares, usando para ello todo el aparato estatal?

Espero que este espacio haya servido para algunos propósitos. Primero, para apreciar más esta caricatura y a su creador, el genial y sarcástico Joe Murray. Segundo, para permanecer más vigilantes de las prácticas anticompetitivas que se dan cuando el señor gobernador y el señor empresario se vuelven amiguitos.

Finalmente, para llamar a las cosas por su nombre. No hay nada de liberalismo en la compraventa de beneficios y no hay nada de empresario en aquel que en lugar de asumir riesgos, hace uso de influencias para limitar la competencia.

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