Política

23 Oct 2015
Política | Por: Joshua Alfaro

La necesidad de construir nuevos liderazgos

Las personas pueden lograr cosas extraordinarias cuando trabajan juntas y los líderes auténticos saben  que para construir una gran nación hace falta una sociedad unida, sin odios ni divisiones, olvidando el pasado y trabajando en equipo con sus adversarios por un objetivo común.

El pasado martes 20 de octubre fue presentado en un hotel capitalino el libro “El País que viene”, personalmente estoy ansioso por leerlo ya que recoge 40 diferentes y frescas visiones de jóvenes de distintos sectores de la sociedad: desde políticos, empresarios, artistas y deportistas que tienen un objetivo en común: construir el país que queremos, y es por ello que necesitamos una nueva generación de líderes en todos los ámbitos, que trabajen juntos por una meta en común.

En la clase política actual escasean los auténticos líderes, no puedo decir que todos son malos o corruptos, sin embargo, me decepciono cada vez que veo a los políticos echándose culpas unos a otros por cicatrices del pasado. Nadie parece tomar al toro por los cuernos y enfrentar con determinación los verdaderos problemas de nación, más bien pareciera que la mentalidad de muchos es: “Mientras estoy en el puesto aprovecho a comprarme unos terrenitos, porque tal vez mañana no esté”.

Aunque yo nunca he compartido las ideas socialistas o comunistas, puedo imaginar que hay miles de salvadoreños que las adoptan y las creen fervientemente, pero en mi opinión son ideas obsoletas de la era industrial que no funcionan en la práctica y aún muchos siguen confiando en pseudolíderes que las profesan prometiendo el bienestar para todos pero al mismo tiempo promoviendo el resentimiento, la división y el odio de clases.

Cuando el FMLN ganó la presidencia por primera vez en su historia también nació la nueva oligarquía de izquierda, y aquellos que gritaban a los cuatro vientos “justicia social” se convirtieron en los nuevos ricos a costa de sus seguidores.

Nunca ha habido un cambio en el rumbo del país, pues en lugar de avanzar estamos retrocediendo, si queremos sacar adelante a El Salvador necesitamos con urgencia nuevos líderes que no carguen los rencores del pasado, ni las cicatrices de sus padres y abuelos.

Tomemos por ejemplo un líder icónico en el mundo, que evitó el rencor derivado de haber pasado 27 años en prisión, consiguió calmar a las masas y pacificar los gritos de venganza en un país marcado por los estigmas del racismo. Nelson Mandela no era un político común, era un auténtico líder que dejó a un lado el odio, la venganza y la actitud revanchistas contra sus enemigos.

Es en los momentos difíciles y de adversidad cuando se prueba de qué están hechos los líderes, tan solo juzgue usted al Presidente de la República echando culpas por los problemas del país a los empresarios de ANEP, a los medios de comunicación, a la derecha, a la Corte Suprema de Justicia, a la Sala de lo Constitucional o a quién sea, menos a él mismo y su gobierno. Cuando un barco no tiene un capitán que tome las decisiones difíciles con valentía y determinación será un barco a la deriva en una fuerte tormenta.

Las personas pueden lograr cosas extraordinarias cuando trabajan juntas y los líderes auténticos saben  que para construir una gran nación hace falta una sociedad unida, sin odios ni divisiones, olvidando el pasado y trabajando en equipo con sus adversarios por un objetivo común: “construir un gran país”. Tal vez no hay que perder la esperanza y confiemos en que aparezcan nuevos líderes en El Salvador tan buenos o mejores que Nelson Mandela.

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