Política

2 Mar 2018
Política | Por: Juan Carlos Menjívar

La libertad del voto

“Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”

Evelyn Beatrice Hall

 

Al momento de leer este artículo únicamente faltan dos días para que tengas el derecho de asistir a las urnas a elegir a quienes crearan las leyes y gobernarán  tu municipio por 3 años. La población tendrá el derecho de votar, según su concepción de la realidad, su idea del bien y de la recompensa. Dentro de 2 días se decidirá el futuro a corto plazo de El Salvador, y esto, más que un evento digno de cobertura mediática será la prueba de lo que como población estamos dispuestos a recibir y ofrecer. Dentro de 2 días se decidirá si los manteles y los guacales afectaron a los sectores que recibieron tales obsequios, dentro de 2 días tendrás el derecho de votar con la mayor libertad de conciencia que el sistema puede darte.

Y es que uno de los aspectos básicos del voto predica justamente en la libertad que el secreto puede darte.  No estás obligado a decirle a nadie por quien votaste y tampoco tienes la obligación de mostrarle tu voto a nadie, y a nadie debería importarle lo que hagas en ese cúbico. Puedes mancharlo como tú quieras, puedes comértelo como tú quieras o pues, simplemente votar por quien tú quieras. La libertad radica en que durante ese momento en el cubículo la única coerción válida debe ser la que tú mismo puedas imponerte, ninguna organización estará a tu espalda viendo que votes por lo que ellos consideran “deseable”; ningún “influencer” estará viendo que cumplas lo que él determina como un correcto voto; y ninguna fuerza divina estará observando que cumplas con su mandato. Durante ese momento sólo existes tú y el padrón.

Uno de los elementos más tóxicos que acarrea toda campaña electoral, sorpresivamente, no nace de los candidatos ni de acciones directas de ellos, sino de su contraparte, la población. En tiempo de campaña los participantes, no solo los candidatos, se vuelven, lo que a mí me gusta llamar, inquisidores del voto, aquellas personas u organizaciones que buscan imponer su percepción de lo correcto y justo entre los votantes. Me encantaría decir que personalmente nunca he caído en esa desdeñable práctica, pero la tentación de la acción es demasiado grande.

Un inquisidor del voto es aquel que busca imponer un significado literal de un “buen voto”, su significado de “buen voto”, alegando que es bajo esa percepción que realmente se puede mejorar. El llamado al voto nulo es un ejemplo obvio de esta práctica, los listados de organizaciones “democráticas” de candidatos es otro ejemplo a considerar y hasta los listados de personas “corrientes”, donde establecen a quienes deben seguir y a quienes no es otro ejemplo. Por obvias razones todo político es un inquisidor del voto dentro del concepto, pero las críticas vacías y obvias a políticos no es lo mío, así que no es un punto de análisis dentro de esta columna. 

Estas acciones que en teoría son hechas con buena fe, representan un ataque directo a la conciencia de los votantes, ya que no son realizadas de una manera imparcial y esperando que únicamente sirva como información que ayude a tomar una decisión, sino como la guía que se debe seguir. Yo no puedo decirte por quién votar o qué hacer con tú voto, porque yo no soy tú y nadie más lo es. No importa lo nefasto que YO pueda ver a un candidato, si tu votas por él tú voto vale igual que el mío. Solo quedan dos días para que tomes una decisión, y sin importar la decisión que tomes, votes o anules tu voto, estás en tu derecho constitucional de hacerlo.

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