Política

13 Dic 2013
Política | Por: Marlon Manzano

La goma después del Carnaval de San Miguel

“Estar de goma” como se le dice popularmente es un estado que va acompañado de muchos síntomas que generan malestar en general, pero que no necesariamente evitarían que el que quiere seguir tomando en una próxima ocasión lo deje de hacer. Después del Carnaval de San Miguel lo primero que uno puede intuir es que queda un significativo estado “de goma” en miles de asistentes. El Carnaval de San Miguel no siempre fue una fiesta popular tal como la conocemos actualmente, de hecho se celebraba los 8 de mayo y era más bien festividades asociadas a ciertos barrios de la ciudad organizados por y destinados para un grupo reducido y distinguido de la población. Eran actividades que finalizaban con “festivales danzantes” o “Bailes de salón” en lugares exclusivos como los casinos de la zona, entre ellos el antiguo “Casino Migueleño”. Para los menos afortunados, o de menos estatus social, se tenían que conformar con escuchar desde afuera de estos lugares la música de las grandes orquestas del momento. Fue hasta 1959 que Miguel Félix Charlaix, Gobernador Departamental de ese entonces, decide dejar atrás el “clasismo” de estas festividades y procede a convertirlas en una verdadera fiesta popular, en lo que hoy conocemos como “Carnaval de San Miguel”, donde la principal característica es que las Orquestas pasaron de lugares privados a las calles públicas. Esa decisión, después de 50 años aún sigue vigente y ha logrado que la fiesta se nutra de esa masividad de personas que la disfrutan y la promueven año con año, de generación en generación. Desconozco los motivos y fundamentos de la decisión del Sr. Charlaix de popularizar las festividades de lo que ahora es el Carnaval, pero a la luz de una política pública, me pongo de pie y lo aplaudo, pues de manera eficiente y eficaz logró beneficiar a miles de habitantes de su población sin tener que “cortar pedazos mas pequeños del pastel” para que abundara para todos, sino más bien con su decisión hizo lo que se conoce en economía “hacer más grande el pastel” para distribuirlo de una mejor manera y beneficiar a más gente. Necesitamos urgentemente otro visionario como Don Félix Charlaix, que por un chispazo de iluminación o quizás por una profunda convicción de generar cambios culturales y sociales, inyecte nuevas ideas y dinámicas de cambio a lo que todos conocemos como Carnaval de San Miguel. Carnavales como el de Montevideo, Rio de Janeiro o el de Cádiz son de los más emblemáticos de Iberoamérica , y quizás del mundo, por su rica, nutrida y constante promoción cultural, que van mucho más allá de música, fiesta, baile, alegría, bebidas alcohólicas… En fin, han ido evolucionando de simples “bacanales” o “fiestas populares” a verdaderas industrias culturales y artísticas, e indirectamente son excelentes referentes de políticas públicas de promoción de la cultura, el arte, emprendimientos, prevención de la violencia, entre otros. No es lo mismo poner a 20 orquestas a tocar por doquier en las calles de tu ciudad a que se planifique una verdadera competición de habilidades artísticas, donde se promueva y se premie el esfuerzo de cada orquesta en diferentes aspectos como vestuario, canto, uso de instrumentos, contenido de la música, show, etc. En la primera opción lo único que quedará al día siguiente, independientemente del gran esfuerzo previo de todos los organizadores y participantes, será una goma generalizada del exceso de las bebidas alcohólicas y la algarabía del momento. En cambio en la segunda opción, que es más bien lo que promueven los Carnavales más avanzados, sin duda quedará la misma goma generalizada de los asistentes, pero además como valor a agregado para toda la sociedad una floreciente generación de nuevos talentos en baile, canto, danza, escenografía, disfraces, maquillaje, música, animación… Nuevas generaciones que se prepararán con más empeño e ilusión para su próximo gran Carnaval y donde la gente llegará por su misma cerveza y su mismo baile, pero también se educará poco a poco por medio de una nueva dinámica de creación y promoción de la cultura y el arte. Marlon Manzano, Economista.

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