Política

16 Oct 2015
Política | Por: Mario Hernández Villatoro

Justicia a prueba de balas

La justicia, por arraigada costumbre, ha sido una utopía para la desbordada delincuencia y tan vilipendiada a costa de ritualismos legales.

Loable rol de la sociedad civil. Grandioso despertar ha tenido después de ser simples espectadores de la corrupción que empantana a las instituciones públicas, y de ejercer la única opción de resignarse ante el auge de violencia que nos afecta a todos al tener familiares, amigos o conocidos víctimas de la brutal delincuencia. Pero no es suficiente, siempre es necesario ejercer mayor presión a fin de garantizar transparencia, eficacia y resultados positivos en los entes públicos.

No, no es la Policía Nacional Civil, la Fiscalía General de la República ni el Gobierno Central que harán milagros para erradicar la violencia y la corrupción. Es tarea de todos brindar nuestro pequeño aporte para disminuir este flagelo, y así se ha demostrado al ejercer presión mediática a través de los medios de comunicación y redes sociales. Guatemala ha entendido la importancia de la presión social y la ha materializado de forma insistente al más alto nivel.

Papel pasivo y desinteresado mostró la Corte Suprema de Justicia (CSJ) y la Sala de lo Constitucional durante muchos años. Pasivo por limitarse a fallar atendiendo el derecho positivo y no interpretando de forma progresiva, más allá de la literalidad de las leyes. Desinteresado debido a la diminuta excavación, valor y coraje para asumir el rol de policía anticorrupción.

En la actualidad, la CSJ y la Sala de lo Constitucional ya dijeron presente en la lucha contra esta epidemia. En cuanto a la violencia, la Sala de lo Constitucional está consciente, sabe y reconoce el irrecuperable daño que las pandillas hacen al país: matan por doquier, menoscaban el patrimonio de muchos a través de la extorsión, imponen toques de queda, obligan a las personas a desalojar viviendas y un sinfín de violaciones a derechos fundamentales. Por ello, aparte de examinar la inconstitucionalidad de la Ley Especial contra Actos de Terrorismo, por extensión necesaria, la Sala se pronunció en contra de las transgresiones diarias a derechos fundamentales por parte de los grupos de maras o pandillas, declarándolos terroristas a estos grupos criminales y permitiendo que miembros de estas estructuras delincuenciales sean juzgados aplicando dicha Ley.

Por su parte, la CSJ dio un golpe de aviso y confianza a la población, utilizando la Ley sobre el Enriquecimiento Ilícito de Funcionarios y Empleados Públicos. Después de una investigación en la Sección de Probidad -que por años se ha mantenido ignorada y desconocida-, ordenan juicio contra el diputado Reynaldo Cardoza. Una resolución que demuestra la independencia partidaria y de insubordinación a legisladores. Además, es punto de arranque para tomar partido en el campo de la corrupción y el enriquecimiento ilícito de funcionarios, carrera que ha sido apoyada por la Cámara Segunda de lo Civil de San Salvador y, tal vez, por la Fiscalía General de la República.

Dos acontecimientos, dos resoluciones que permiten abrir paso a la lucha contra la delincuencia y corrupción: la lucha encaminada a golpear los delitos cometidos por el crimen organizado y a combatir el delito de cuello blanco. La PNC, la FGR y los tribunales ahora tienen más herramientas de combate a la impunidad y menos excusas para desconocer las leyes vigentes y fallos del máximo tribunal de justicia.

La justicia, por arraigada costumbre, ha sido una utopía para la desbordada delincuencia y tan vilipendiada a costa de ritualismos legales. Ha sido atacada y vencida por las balas que penetran el cuerpo de tantos humanos que mueren diariamente por la escalofriante violencia y por la tentación del dinero sucio e ilícitamente obtenido.

La Corte en pleno y la Sala de lo Constitucional ya tomaron partido en este juego de vida o muerte. Es tarea de las demás instituciones demostrar resultados en la lucha contra la violencia y corrupción, pues hoy más que nunca la justicia en El Salvador se encuentra a prueba de balas.

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