Política

19 Feb 2014
Política | Por: Mauricio González

Israel continúa su expansionismo

El pueblo judío está constituido por una de las culturas más antiguas del mundo, respetable por su riqueza histórica y por los aportes que ha realizado a la humanidad en el campo científico, filosófico, religioso, entre otros. Sin embargo pareciese que existe un poder escondido que lleva las riendas de la política israelí hacia la ultra derecha, a posiciones ortodoxas basadas en preceptos sionistas que mezclan el Antiguo Testamento con la realidad cambiante y dinámica del Siglo XXI.

El Primer Ministro israelí Benjamín Netanyahu anunció a mediados del pasado enero la construcción de cerca de 500 nuevas casas en Jerusalén Oriental, atentando así con una posible solución pacífica al conflicto que mantiene el Estado de Israel con la Autoridad Nacional Palestina.

Para realizar dichos asentamientos los israelíes deben demoler la antigua infraestructura palestina que data de cientos de años, sino miles, donde viven familias palestinas que se niegan a ser desalojadas de sus lugares de origen, tierras donde han vivido por generaciones. Los asentamientos no solo violan tratados internacionales como el de Oslo (fueron una serie de acuerdos firmados entre el Gobierno de Israel y la Organización para la Liberación de Palestina con el objetivo de ofrecer ofrecer una solución permanente en el conflicto palestino-israelí.), sino que ejecutan un elaborado plan para borrar las huellas milenarias de la cultura, quemando los arbustos de olivo que pueden llegar a tener hasta mil años de antigüedad, arquitectura y perspectiva urbanista.

La palabra asentamientos define de forma efímera el término, en realidad son complejas urbanizaciones con todos los servicios básicos, construidas de concreto y acero en terrenos que difícilmente van a ser devueltos una vez ocupados por los colonos judíos, trancando así las verdaderas posibilidades de dos Estados independientes, con plena autonomía y viviendo en paz.

Para comprender el conflicto entre Palestina e Israel y realizar un análisis efectivo se debe despojar del oscuro crisol religioso que solo opaca el análisis, justificando acciones militares a través de documentos anacrónicos –Antiguo Testamento- que no toman en cuenta variables como la razón postmoderna, derechos humanos, globalización, ética, entre otros.

Llegar a un verdadero entendimiento que conduzca hacia la paz verdadera entre palestinos e israelíes deberá pasar inequívocamente por la supresión paradigmática de los preceptos religiosos que promulga el ala ultraconservadora israelí. Poder que no tiene cara, y se manifiesta a través de los poderosos lobbies que se encuentran enquistados en las principales industrias productivas y culturales del planeta. Allí se debe volcar toda la atención, al complejo militar – industrial, a los medios masivos de comunicación, a la industria energética, a las instituciones financieras que difícilmente son reguladas por los Estados,  a la industria de los alimentos, entre muchas otras.

Para muestra un botón. En 1993 cuando Bill Clinton, Isaac Rabin y Yasser Arafat,  firmaron los  Acuerdos de Oslo, la ultraderecha israelí no aceptó los términos porque estos representaban el inicio de una legítima paz entre israelíes y palestinos, también representaba el fin de la visión ortodoxa y expansionista del moderno Estado de Israel.  El 4 de noviembre 1995 fue asesinado en un multitudinario mitin que abogaba por la paz entre Israel y Palestina, el asesino, el ultra ortodoxo sionista: Yigal Amir.    

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