Política

28 Nov 2013
Política | Por: Jaime Ayala

Incoherencias que molestan

Escribir sobre política siempre es difícil. Por querer sonar bonitos podemos hacer el ridículo, pero tampoco queremos que nuestras palabras se ahoguen en una plática de familia o amigos. Bien dicen que con la gente que queremos no hay que hablar de religión, fútbol, o política, pero al parecer no podemos dejar el vicio de escribir sobre esta última. Imponer un punto de vista político detrás de una computadora es fácil. Basta con tomar 2 o 3 temas controversiales, bajar unos cuantos datos y hablar mal del gobierno o de la oposición.

Como ya muchos sabrán, la corrupción ha sido uno de los temas más protagonistas de la historia de nuestro país en la época post-guerra. Diputados, alcaldes, presidentes y demás funcionarios se han hecho acreedores de todo tipo de insultos por parte de la población, que siempre se rebusca para ofrecer comentarios ingeniosos, unos más que otros. Es por eso que el reciente tema de la FGR y la acusación a funcionarios de gobiernos anteriores sobre casos de corrupción resulta tan relevante.

Según Transparencia Internacional, en los últimos 10 años, el índice de corrupción para El Salvador ha oscilado entre 3.2 y 4.2 (base 10), lo cual lo ha ubicado en posiciones con percepción alta sobre la corrupción. Es necesario aclarar que el índice representa una percepción poblacional sobre las instituciones, y no una radiografía de la corrupción. Además, existe cierta restricción temporal y específica sobre los acusados. Cada caso es diferente. Lo que sí nos dice el índice es que, en cierta forma, la población ha sostenido una percepción corrupta de los funcionarios públicos desde hace tiempo. Sin embargo, cuando de repente salta una acusación, todo el país tiembla y comienzan a sonar todo tipo de alarmas, incluso algunas ridículas.

Mucho se puede decir de esas acusaciones. Quizás sí sea una estrategia política del FMLN, una artimaña, una de esas a las que ya deberíamos estar acostumbrados a través de la historia y por parte de todos los partidos. Porque qué risible es que en la política este tipo de maniobras solo son válidas cuando el que las hace es mi partido de preferencia. ¿O no es acaso una táctica muy mala, también, que un partido se pase tildando de asesino a un candidato a través de televisión nacional? Los salvadoreños decimos que no queremos campaña sucia, pero quizás se nos olvida decir que la que no deseamos es la del partido que no nos agrada. En fin, el partido o político que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

Por otro lado, también está muy presente el tema de la presunción de inocencia. Para no complicarnos en aspectos jurídicos, basémonos en que a un acusado se le debe comprobar su culpabilidad, no se trata de que este deba probar su inocencia. Sin embargo, también es necesario mencionar que el hecho de que 10,000 personas estén- al parecer fervientemente- convencidas de algo, no lo hace ni por lejos verdadero. Aunque la objetividad a veces sea difícil de alcanzar, las sociedades han buscado encaminarse por ella a través de sus sistemas judiciales.

Pero al parecer los salvadoreños tampoco entendemos eso. Confiar ciegamente en la inocencia de alguien puede ser tan grave como condenarlo sin ir a juicio. Para eso existen pruebas y testigos. Me es imposible meter las manos al fuego en un caso así por alguien a quien no conozco ni de vista. Es decir, quisiera pensar que al menos el 90% de las personas que ha apoyado con un “like”, conocen a la persona, porque si no, que me expliquen cómo es que confían tan ciegamente.

Además, quisiera pensar que en un futuro, serán los mismos quienes confíen en la inocencia de los funcionarios actuales. No quisiera pensar que todo se basa en el color político, ¿o sí? Si en 10 años acusaran-por ejemplo- al Presidente Funes, espero que la campaña de apoyo sea igual o mayor. Si nos seguimos basando en percepciones y modas, la respuesta será sí. Evalúen a quién y por qué apoyan, y que sean los tribunales quienes hablen. 

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