Política

19 Dic 2014
Política | Por: Mauricio González

Hay que ponerle freno a Sigfrido

Pareciera que a Sigfrido Othón le picó el mosquito de la avaricia y del poder, acompañado de una actitud arrogante y con un sentimiento de superioridad poco fundamentada.

Sigfrido Othón Reyes Morales ha tenido una amplia trayectoria en la política nacional. Es miembro fundador del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y a lo largo de los años ha trabajado bajo la línea de su partido: luchar por las clases menos favorecidas de El Salvador e incluso promover un discurso en contra de los sectores económicos empresariales de El Salvador.

Cada quien es libre de mantener su ideología política y de ponerla en práctica, por eso vivimos en democracia. El problema surge cuando hay disociaciones con la realidad: mantener un discurso y realizar actos contradictorios. Reyes, durante su carrera política, ha promulgado el socialismo, la lucha de clases, pero este discurso se desvanece cuando el presidente de Asamblea Legislativa autoriza gastar 95 mil dólares para una fiesta navideña en 2012 o regalar pulseras de oro en 2013.

El socialismo, más que una ideología política y discursiva, en su lectura profunda promulga un estilo de vida sencillo, alejado del consumismo y de un pensamiento crítico a las desigualdades sociales y materiales que enfrenta la humanidad como conjunto.

Sigfrido Othón no predica con el ejemplo. Manifiesta actitudes arrogantes contra empleados de periódicos como sucedió en 2012 al no dejarle entrar a la Asamblea Legislativa a un empleado de El Diario de Hoy; también en su último incidente con otro periodista de La Prensa Gráfica que llamó “pobre periodista de sueldo miserable”. ¿Estas son las actitudes de un socialista comprometido con su gente?

Valdría la pena reflexionar sobre los actuales ideales de Sigfrido. ¿Es el pueblo o el dinero? Un socialista nato no crea una empresa de bienes raíces y compra a menor precio que el real unos terrenos propiedad del Estado. Ser socialista no es algo malo per se. Lo es la forma sobre cómo algunos políticos buscan darle soluciones a los problemas de la nación. El problema subyace en la diferencia entre palabras y acciones.

Podríamos mencionar el caso de Norma Guevara o el de Lorena Peña como mujeres comprometidas con el socialismo y que han trabajado toda su vida desde esa perspectiva. Eso es admirable que desde su trinchera han seguido fieles a sus ideales y los han defendido; si estos son los correctos o los incorrectos es lo de menos. Sin embargo, pareciera que a Sigfrido Othón le picó el mosquito de la avaricia y del poder, acompañado de una actitud arrogante y con un sentimiento de superioridad poco fundamentada.

No es lo mismo que una persona nazca teniendo dinero a que lo obtenga de golpe, de un día para otro. El primero nace con otra perspectiva de la vida y de cómo trabajar para multiplicarlo, en el mejor caso. Pero el otro trata de gastarlo en banalidades, como diría mi abuelita “como si se te va a acabar el mundo”.

Sigfrido debe ser detenido de golpe en su aventura “irracional”. Si ha ejercido actos de corrupción debe ser enjuiciado y condenado a una pena de cárcel. Bukele ha dicho que si es culpable debe enfrentar la justicia, tampoco su partido político ha salido a defenderlo, nadie mete las manos al fuego por Sigfrido.

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