Política

28 Oct 2015
Política | Por: Fernando Colocho

Hacia un nuevo paradigma universitario

“Un verdadero maestro no debe enseñar contenidos sino enseñar a pensar” – Immanuel Kant.

La educación es el principal vector cualitativo para transformar la calidad de vida en una región. Si un país es consciente de esto, procurará retomar las desorientadas políticas educativas existentes y transformarlas en políticas de Estado; velando para que las futuras contribuciones y reformas educativas sean el producto de la participación activa de cada uno de los actores involucrados en este proceso, sobre todo, basado en nuestra realidad concreta.

Debemos reconocer un elemento inicial en esta discusión: existe un agudo vacío reflexivo en el paradigma educativo superior de nuestro país. ¿Se gradúan profesionales en masa para saturar el mercado laboral y devaluar su calidad inherente o se forman individuos con pensamiento crítico dotados de una visión constructiva de nuestra realidad? ¿Se adecua la oferta profesional patente a la demanda laboral latente? ¿Existiendo multiplicidad de centros de educación superior, por qué existe tan poca incidencia de la comunidad estudiantil universitaria en el rumbo del país?

Nunca antes se había puesto sobre la mesa una cuestión: el Estado, junto con las instituciones de educación superior privadas, deben reflexionar acerca del ser humano que pretenden educar. Si se busca formar líderes que transformen la realidad de nuestro país o amaestrar mano de obra obediente y barata para ser reclutada por un call center.

Hemos sido mudos testigos, generación tras generación, de la exagerada forma en que se facilita un título universitario a jóvenes «profesionales» con profundas lagunas mentales académicamente, con alergia diagnosticada a cuestionar modelos establecidos, y en el peor de los casos, estudiantes cuya redacción y ortografía provocan cáncer ocular.

No están interesados en la cultura, el arte, la investigación o la lectura. Están interesados en cuál fue el resultado del último partido mediático de la liga española. Se ha olvidado tener en cuenta el infinito apetito de distracción del hombre.

La lógica indicaría que mientras un país invierta más en educación, la equidad, pertinencia, calidad y eficiencia educativa se verán afectadas en la misma proporción, sin embargo, ambas variables no necesariamente tienen una correlación positiva; un país puede gastar mucho en educación pero sin obtener los resultados deseados. Por otra parte, también es posible que un país invierta una alta proporción de su PNB en educación, pero en la medida en que el PNB sea bajo, la inversión en educación igualmente lo será.

¿De qué manera entonces se replantean las directrices educativas en el mediano y largo plazo? Desde la parte institucional, priorizando recursos para ofrecer una plataforma de reflexión integral donde se abandone el viejo modelo de «maestro habla-alumno escribe» y se cree una participación vinculante entre maestro y alumno que genere un verdadero aprendizaje significativo. No perpetuar la importación de calidad educativa gestada en universidades extranjeras, sino producir verdadera calidad profesional desde la academia nacional. Desde la parte estudiantil, avocarnos a la autodidáctica como única solución ante un sistema educativo en deuda; innovando en la creación de pensamiento multidisciplinario y adoptar como lema de vida aquella frase célebre de Ignacio Ellacuría: «Quien dice que piensa igual que los demás, realmente no piensa».

Conscientes pues, que aquello que abrazamos como carrera universitaria es una mera aproximación en forma de una gota en el océano de la realidad, debemos buscar incesantemente el conocimiento integral mínimo. Aquel que sea privilegiado para las letras que sea hábil de igual forma con los números. Los que gozan de una capacidad crítica envidiable que lo proyecten de forma creativa también. Un buen posicionamiento intelectual otorga la influencia requerida para transformar realidades, con esto, propagar la aversión al «statu quo» imperante en la sociedad salvadoreña. Así y solo así podemos comenzar a hablar de un verdadero relevo generacional para El Salvador.

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