Política

7 Nov 2013
Política | Por: Gerardo Torres

¿Ganaría un buen hombre las elecciones en El Salvador?

No. Yo creo que un buen hombre no ganaría las elecciones en El Salvador. ¿Por qué? Simple, nos gustan los pícaros.

El país clama desesperado por políticos honestos. Sin embargo, parece que en la vida cotidiana admiramos más al pícaro que al honrado. Felicitamos al que da “mordida” para evitar una multa o ir a prisión, en cambio, pensamos que el que sigue la ley y se atiene a las consecuencias de sus actos es un “pobre diablo”.

Asimismo, admiramos más al que siempre se sale con la suya sin importar el cómo que a la persona que hace el bien aunque le cueste. Es evidente que tendríamos políticos honrados y comprometidos si valoráramos las virtudes de la honradez y el compromiso.

Para tener servidores públicos honrados, debemos empezar a darle a la honradez la importancia que se merece. Es preciso premiar al que obra según la ley y castigar al que la incumple.

Está claro que mientras vivamos en la “ley de la jungla”, donde el más fuerte domina y pisotea a los que intentan actuar de manera honrada, seguiremos teniendo “líderes” que se saltan la ley para conseguir lo que quieren y que no les interesa nadie más que ellos mismos.

El buen hombre debe estar presente en la política salvadoreña. Pero, ¿qué significa ser un buen hombre? Para mí, un buen hombre es un hombre de principios. Es decir, alguien que vive lo que piensa y no cambia de postura según las circunstancias.

Ahora bien, parece que en El Salvador no valoramos a las personas con principios. ¿Por qué? Porque, si los valoráramos, habrían más políticos con principios firmes. Todos hemos comprobado como la mayoría de nuestros políticos cambian de principios cada semana y son capaces de defender una cosa y su contraria.

En El Salvador, parece que ser buen político significa no tener principios. Es decir, ser alguien que se deja llevar por la corriente. Si el pueblo está a favor del aborto; yo estoy a favor del aborto. Si el pueblo odia a los extranjeros; yo odio a los extranjeros. Los conceptos de bien y mal son vacíos y cambian según las circunstancias.

El hombre que vive por un ideal, es decidido y no cambia de principios según las circunstancias, no es valorado por el electorado salvadoreño. Nos gustan más los pícaros que viven por el dinero y hacen todo lo que está en su poder para conseguirlo…

¿Qué podemos hacer? No lo sé. Pero, para esperar resultados distintos, hay que hacer las cosas de manera distinta. No podemos continuar haciendo lo mismo y pensar que nuestras quejas harán que surjan políticos honestos.

Si queremos políticos honrados; promovamos la honradez. Si queremos políticos que no se salten la ley; castiguemos al que se salte la ley y no felicitemos al que se la salte. Si queremos políticos que cumplan sus promesas; valoremos a los hombres con compromiso firme. Si queremos líderes con criterio y capacidad de mando; no elijamos a “marionetas” susceptibles a ser manipuladas por su partido político o por la opinión pública.

Lo último, pero no menos importante, es recordad que los vicios de nuestros políticos son un reflejo de los nuestros. Hay políticos borrachos porque en El Salvador abusamos de la bebida; hay políticos violentos, capaces de disparar a un policía y salirse con la suya, porque El Salvador es un país violento… En fin, tenemos lo que somos.

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