Política

4 Ago 2014
Política | Por: Ernesto Hernández Otero

Gana la desfachatez

Recientemente, un ex magistrado del Tribunal Supremo Electoral (TSE) hacía público su interés de ser alcalde de San Salvador. Para legitimar su candidatura mencionó recibir el apoyo de tres expresidentes de la Republica, obviando el hecho de que para querer ser alcalde no es el voto de tres personas lo que vale, por más importantes que sean o hayan sido, sino el voto de los miles de ciudadanos que vivimos en esta capital. Sentí decepción al darme cuenta cómo algunas personas son capaces de pararse frente a una población que una vez decidió elegirlos y a quienes decidieron desilusionar.

Les escribo a ustedes que a pesar de cargar con un historial que pone en tela de juicio su ética, ahora tienen la desfachatez de postularse para ser candidatos a diputados o alcaldes. Este mensaje está dirigido para los que se han visto envueltos en procesos legales por su dudosa actuación, también a quienes le han dado vuelta al chaleco quizás por dinero o poder; y a todos ustedes que se han aprovechado de la confianza del pueblo haciendo negociaciones a espaldas de la población que han representado. 

Quiero presentarles, señores, los motivos por los cuales son inaptos a pretender un curul en la Asamblea Legislativa o a presidir un Consejo Municipal, además de decirles las razones por las que no vamos a votar por ustedes, dándoles aviso anticipado de la derrota que les avecina. Porque sin dudarlo les digo, los salvadoreños vamos a ganarle la guerra a la corrupción que controla cada una de sus decisiones.

Recordando que el fin de la política son las personas, puntualicemos tres valores morales y cívicos por los que no van a ganar las futuras elecciones:

 

1. Confianza

2. Justicia

3. Integridad

 

La confianza consiste en ser capaces de transmitir la seguridad suficiente para creer que lo propuesto se cumplirá, y no la ambigüedad con la que han servido a su pueblo. Pues aun si equivocada o asertivamente hemos votado por una u otra bandera, esperamos que se mantengan fieles a los ideales en los que hemos creído y no traicionarnos cuando cambiar de bando sea más rentable. Mucho menos para buscar venganza partidaria utilizando las instituciones estatales, poniendo en riesgo la democracia misma.

Ser justo es ceder cuando la balanza cae hacia un lado o hacia otro, y no forzar las circunstancias yendo contra las leyes bajo las que hemos aceptado vivir como sociedad. Por lo que tomando nuestras leyes como base, no es justo para un policía en servicio, el haber sido apuntado y disparado con el arma empuñada por un funcionario que con esa misma mano había estado empujando botellas esa noche.

Una persona íntegra es aquella que siempre hace lo correcto. Hacer lo correcto es hacer todo lo que consideramos bueno sin que afecte a otros; y en el caso de la política, sin que afecte a todos. Me pesa aceptar que a pesar de los discursos de campaña, sin importar las veces que han visitado pueblos y cantones, su interés nunca ha sido mejorar la vida de la mayoría. Entonces cómo puede ser íntegro un diputado que es capaz de cambiar su voto para la aprobación de una ley que afecta a todos los salvadoreños, justo después de recibir una llamada telefónica.

Así de simple son las cosas, y espero con mi oportuno mensaje, o quizás inoportuno, no herir sus oportunistas ambiciones y también desearía que más de uno decida respetar su país retirándose de toda aspiración que busque engrandecer de poder personal, enriquecer sus ahorros y curar su ego.  

Quiero terminar citando una frase de la película “Corazón de caballero” en la que hasta el título habla del valor de la honestidad y de cómo los que se creen grandes caen. Para concluir, señores políticos de dudosa actitud, “los hemos pesado, los hemos medido… y definitivamente, resultaron defectuosos”.

 

Cordialmente,

 

Un salvadoreño audaz y mordaz.

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