Política

9 Feb 2016
Política | Por: Juan Carlos Méndez

Entonces, ¿En quién confiar?

Después de verles su corrupción e incapacidad para gobernar, ¿por qué seguimos confiando en los mismos políticos? Parece que nos gusta que nos vean la cara de tontos y que nos saquen el dinero.

No es casualidad que la ciudadanía piense que los políticos son corruptos, pues la verdad, la gente se mide por los resultados que da, y en este país no estamos viendo resultados deseables. Si existe un estado configurado constitucionalmente, es para que se encargue de administrar el bien para la ciudadanía, pero cuando vemos que ese bien se traduce en bienestar individual para pequeños grupos políticos o empresariales, el estado entonces pierde credibilidad; Es así como nuestro estado (Asamblea Legislativa, Gobierno y Corte Suprema de Justicia), ha perdido credibilidad.

El problema: le hemos confiado mucho al estado. Esta confianza ha pasado facturas en la economía, la violencia, la emigración, y otros problemas que nos hacen ver como un país lento en desarrollo. Por un lado la administración pública ha fallado, pues no ha sido eficiente en utilizar los recursos y tampoco eficaz en encontrar soluciones, aparte que de los 2 o 3 pasos que hemos dado hacia adelante, cada error que estos comenten retrocedemos 10; por el otro lado, la ciudadanía ha estado un poco dormida en exigir/criticar/proponer a quienes eligen para un cargo público, y si le sumamos también, en muchas ocasiones nos volvemos parte del circo de los políticos ignorando o defendiendo lo que está mal solo porque no nos gusta la política o porque si lo hacemos estaríamos en contra de nuestra afinidad partidaria.

Si la ciudadanía es quien tiene el voto de elegir a sus representantes, ¿por qué les dejamos hacer y pasar lo malo que hacen? La ciudadanía está pagando la factura de los errores que ellos cometen, y no nos estamos dando cuenta que aun así seguimos creyendo en ellos y siempre les damos –nuevamente- el voto de confianza; vuelven a cometer más errores y volvemos a creer en ellos, y así… es como un círculo vicioso que aún no hemos asimilado. La encuesta del IUDOP dice que solo un 5.1% de la población cree en los partidos políticos, 5.6% en los diputados y un 12% confía en el Gobierno, con estas cifras ¿por qué aún seguimos metiendo las manos al fuego por ellos? ¿Por qué no los criticamos? ¿Por qué no les exigimos que cumplan lo que prometieron? Y más aún: ¿por qué seguimos votando por los mismos?

Los jóvenes que me leen quizás no recuerdan casos de corrupción quedando en impunidad como: 1995: Romeo Majano, Director del ISSS, sustrajo $2.4mill de esta institución para uso personal; 1999: malversación de fondos en el Federación de futbol (FEDEFUT) de Juan Torres por $35mill; en 2003, desfalco de $100mill de Carlos Perla, presidente de ANDA (actualmente en “proceso judicial”). Más recientemente: el caso Flores y donativos de Taiwán en 2001, ¿dónde está el dinero para hacer el Bulevar Diego de Holguín en el Período del Saca?, hablemos de las propiedades de Funes y el incremento de su patrimonio, los terrenos que Sigfrido Reyes compró al IPSFA, y así más casos que aún no han salido a luz o que ya salieron y nos hacemos del “ojo gacho”.

Muchos políticos nos están viendo la cara de tontos. Nosotros les complacemos su capricho de llegar al poder bajo la confianza de qué harán algo bueno por el país, sin embargo los resultados han sido para el interés de ellos. No dudo que hay políticos que estén haciendo bien su trabajo, pero acá “justos pagan por pecadores” y cada quien rinde cuentas al final. La política está mal, pero es porque los políticos en quién confiamos son los malos. Entonces, ¿en quién confiar? Solo recordemos que la ciudadanía debe tener el poder.

 

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