Política

31 Ago 2015
Política | Por: Ernesto Hernández Otero

¡Emprendamos ya!

“¿Cómo me veo en 10 años?”,  si la respuesta a esa pregunta no tiene nada que ver con lo que estamos haciendo ahora, es urgente tomar el valor de cambiar lo que no funciona y empezar a hacer lo que sea necesario para lograrlo.

Como efecto dominó, cada día somos más los emprendedores menores de 30 años que hemos decidido dar un salto de fe en este país en el que no es fácil salir adelante. Uno de los grandes problemas para nosotros, es tratar de competir con los grandes, con las barreras que nos impone la falta de apoyo al emprendimiento.

Los servicios básicos de agua y luz, no ofrecen ningún tipo de tarifa preferencial para proyectos recién creados. Los impuestos son cobrados desde la primera factura cobrada. Igualmente, los trámites para legalizar el funcionamiento de la empresa, los registros de marca y todos los permisos burocráticos tienen un costo demasiado elevado. Además, cuando no se cuenta con gran financiamiento ni con infraestructura propia, ganar la credibilidad es subir cuesta arriba. En fin, quizás ser empresario joven ya no es tabú, pero sigue siendo el proyecto profesional más difícil de alcanzar.

Todo comienza con la idea de un producto o un servicio que podría funcionar mejor que las opciones existentes. La imaginación es la piedra angular en la creación de un emprendimiento. Luego es momento de tomar impulso, tocar puertas, invertir en pruebas. Intentar, intentar, intentar, intentar hasta el cansancio. Es probable que a pesar de tanto intento no se logre mucho, pero si la idea es buena y tiene un mercado potencial, va a llegar una llamada o un correo y esa va a ser la oportunidad para actuar.

Hay muchas razones por las cuales vale la pena emprender; generamos empleos, innovamos en los procesos y tenemos una conciencia empresarial muy distante de la forma de hacer negocios de algunas corporaciones. Valoramos más la calidad, nos excedemos en pasión y trabajamos con visión. Pero el factor más importante para emprender, es que el tiempo no perdona. Podemos sentir que la vida pasa rápido o lento, pero de cualquier manera el tiempo pasa. Esa es una verdad, queramos aceptarla o no;  por lo tanto, cada año, cada mes, cada semana, cada día y cada hora que se pase viviendo únicamente para ser empleado, son millones de minutos que nunca van a volver a pasar.

“¿Cómo me veo en 10 años?”,  si la respuesta a esa pregunta no tiene nada que ver con lo que estamos haciendo ahora, es urgente tomar el valor de cambiar lo que no funciona y empezar a hacer lo que sea necesario para lograrlo. Las excusas de no tener los fondos, o que el tiempo no alcanza, o cualquiera de ese tipo, solo son mentiras para ocultar el miedo al riesgo de hacer algo propio. Cuando el riesgo más grande, es el que se toma cuando no se hace nada.

Ser empleado limita cualquier capacidad creativa, productiva y restringe la posibilidad de lograr cosas más grandes. Ser empleado no es sostenible; ni en compensación económica, ni a futuro. Por todos esos motivos, el apoyo gubernamental a los proyectos de emprendimiento y en especial para aquellos dirigidos por jóvenes, deben convertirse en algo real. La mayoría de países desarrollados cuentan con programas para promover la creación de empresas nuevas y este tipo de políticas no resultan costosas para el Gobierno, porque con una simple exención de impuestos el primer año de funcionamiento, una reducción en el costo de los servicios públicos utilizados para producir, o incluso la inversión de fondos Estatales en asocios público-privados podrían ser medidas de gran impacto para todos los que queremos consolidarnos en el mercado productivo del país.

Un importante mensaje es también dirigido a todos los empresarios de larga historia en el país, que con esfuerzo intergeneracional han levantado grandes empresas, para que siembren en nuestros emprendimientos. Algunos pueden compartir sus experiencias de éxitos (y de algunos fracasos para aprender), otros pueden convertirse en socios de las ideas que más les gusten y otros pueden abrir espacios para asesorar, consultar y compartir un poco de su tiempo con los jóvenes que debutamos pero que estamos comprometidos con El Salvador. Al final, para todos los que nos consideramos emprendedores, tengamos presente todos los días que la mayor ventaja de ser joven, es que no tenemos nada que perder, sino todo por ganar.

 

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