Política

11 May 2015
Política | Por: Ernesto Hernández Otero

El verdadero desafío

Tener buena voluntad en nuestro contexto tiene que significar el apoyo en conjunto a un plan de  país que contemple los factores fundamentales para ir hacia adelante.

Por: Ernesto Hernández Otero

Voluntad política son las dos palabras que bastan para resumir la propuesta que el exalcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, hiciera en el ENADE 2015 para mejorar la seguridad del país. Las mismas dos palabras son suficientes para entender por qué la política no funciona en El Salvador. La única diferencia entre ambos usos de esas palabras, es el adjetivo calificativo que le anteceden.

La mala voluntad política ha sido constante en nuestra historia, en la que la mayoría de personajes con la capacidad de cambiar las cosas, ha demostrado fehacientemente no trabajar por las mayorías y que a pesar de ostentar cargos públicos, con su poder, solo han logrado beneficiar a sus allegados. La situación de violencia que ahora inunda nuestras calles es producto de este desinterés social, que no es exclusivo de la clase alta, como insinúan quienes inculcan el resentimiento social como forma de vida, sino de los políticos que repartiéndose los turnos al poder, han destruido y vuelto a construir cada proyecto heredado por sus antecesores.

Ese ciclo destructivo y reconstructivo ha consumido una gran parte de los recursos con los que cuenta el país, además de haber enterrado en el olvido muchos proyectos que pudieron haber sido exitosos, independientemente de la bandera partidaria que los hubiera llevado a cabo. La situación de miseria y desesperanza generó una grave depresión social en los más vulnerables, y de alguna manera que debiera ser estudiada por sociólogos, el desencadenamiento resultó en la ola de violencia y anarquía que ahora amenazan nuestras calles, nuestras casas, nuestras escuelas, nuestros parques, nuestros trabajos y nuestras vidas.

En cambio, la buena voluntad política es exactamente lo contrario a ese destructivismo que ha caracterizado a la forma en que nos han gobernado. Tener buena voluntad en nuestro contexto tiene que significar el apoyo en conjunto, de todos los partidos, de todos los funcionarios, de todas las gremiales, de todas las organizaciones civiles, a un plan de país que contemple los factores fundamentales para ir hacia adelante. Tiene que ponerse a funcionar la maquinaria productiva del país, pues es la única que puede crear bastantes empleos que generen suficientes tributos para financiar la recuperación de la paz en El Salvador.

Definitivamente, es urgente y necesaria una estrategia de seguridad ciudadana que cuente con fondos suficientes para modernizar y equipar a las fuerzas del orden. Es evidente que a través de las leyes bien aplicadas, sí se puede reducir la delincuencia y el crimen organizado. Y si para los ministros de Seguridad y la Defensa, lo planteado por Giuliani ya lo sabían; ¿por qué siguen sin hacer nada? Los salvadoreños estamos esperando por la foto de Munguía Payes y Benito Lara dentro de un bus, pero sin guardaespaldas ni trajes satinados.

“Dedicando su esfuerzo tenaz, en hacer cruda guerra a la guerra: su ventura se encuentra en la paz”. Esa frase es más que un verso de una estrofa nunca cantada de nuestro himno nacional. Ahora es el momento de tener la buena voluntad de recuperar El Salvador y luego recordemos ese mensaje que nos llama a luchar fuerte y a trabajar todos juntos por el país que queremos merecer.

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