Política

23 Jun 2014
Política | Por: Ernesto Hernández Otero

El trabajo dignifica

Es intolerable que en El Salvador se siga permitiendo que el primitivismo empresarial ataque a los profesionales que hemos decidido trabajar en nuestro país para sacarlo adelante.

Es intolerable que después de 225 años de la Revolución Francesa, después de 138 años que Engels dijera  que fue el trabajo lo que transformó al mono en hombre, después de 85 años de que Alberto Masferrer, reconocido ensayista salvadoreño, publicara el Mínimum Vital, donde planteó soluciones al problema de la situación social del país; todavía en El Salvador siga permitiéndose que el primitivismo empresarial ataque a los profesionales que hemos decidido trabajar en nuestro país para sacarlo adelante.

Critico categóricamente la manera en que el Ministerio de Trabajo y toda la cartera de gobierno se quedan de espectadores frente a la forma en que muchas empresas y sus patronos exprimen a la clase productiva del país por un salario indigno, bajo políticas empresariales inhumanas, prácticas peligrosas y desestabilidad laboral que primaba en la época feudal, a tal punto de que el ego y megalomanía de algunos jefes permite que independientemente de la calidad del trabajo desempeñado, muchos empleados sean despedidos injustamente y que esas personas sin escrúpulos, ni valor moral ni profesional, hagan de las suyas sin que el peso de la justicia los detenga.

Veamos el ejemplo de Francia, donde hace 222 años su pueblo decidió abolir la monarquía y establecer una primera República, en la que la clase productiva del país siendo el motor financiero fuera el beneficiario principal del Estado. A través de los años, han pasado por una segunda, tercera, cuarta y quinta República, en la que cada una de ellas ha representado una etapa más en el establecimiento de una democracia representativa, con el objetivo de seguir dando una excelente calidad de vida, educando mejor a sus ciudadanos, creando mejores trabajos para ellos, produciendo mejores productos y, por ende, generando mayores riquezas.

Es fantástico que corporaciones inviertan aquí en lugar de otros países. Pero no podemos subestimar que las ganancias que ellos generan son el resultado absoluto de cada uno de los empleados que conforman la empresa  y que estas personas somos nosotros: salvadoreños esforzados, capaces, con familia, con dificultades, en zonas de riesgo, pero con la voluntad total de cada día de la semana hacer el mejor trabajo posible para que la empresa logre sus resultados y podamos devengar el sueldo que se nos ha prometido. Así que con la legitimidad del caso, tenemos el  pleno derecho de ser tratados con toda la importancia que la empresa nos debe dar. Debe garantizarnos seguridad laboral y a recibir humanidad de su parte; de no ser así, nuestros gobernantes, a quienes pagamos con los impuestos, tienen que defendernos a nosotros, y por ende, a nuestras familias.

Tengamos presente que para lograr el futuro que queremos, tenemos que trabajar unidos, defendiendo nuestros derechos entre todos, no luchando contra nosotros sino por nosotros, apoyando los logros y fortaleciendo las debilidades. Dejemos de atacar y culpar a las ideologías, que al final del día ninguna de ellas paga las facturas; pero a quienes nos quitan lo que por derecho merecemos, ataquémoslos todos unidos por los medios legales, como un gran ejercito de ciudadanos que defienden sus derechos a punta de leyes y no de espadas, con ideas y no piedras, con manifestaciones ecológicas y no llantas quemadas, con murales de flores y no con grafitis de pintura. Unámonos para que la victoria de cada salvadoreño sea la victoria de todo El Salvador.

Estemos orgullosos del trabajo que hacemos y cuando tengamos que defender nuestros derechos laborales recordemos siempre que el trabajo dignifica.

 

  • lucas garcia

    buen articulo

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