Política

11 Nov 2015
Política | Por: Fernando Colocho

El rezago del hombre ante sus obras

«Las crisis de los hombres se manifiestan cuando sus mundos se saturan de respuestas y escasean las preguntas» – Dalmiro Sáenz

La crisis es un tema en boga a nivel mundial. Crisis económica, crisis migratoria, crisis delincuencial, crisis intelectual, crisis moral, etc. Si investigamos hacia atrás en el tiempo, El Salvador está en crisis desde su nacimiento. Pero, ¿hasta qué punto llega esa crisis? ¿Dónde se origina?, ¿podemos especular acerca del origen de ese estado de crisis que ha culminado en la situación actual que todos conocemos?

Hablar de expresidentes enjuiciados, fiscales generales, incrementos delincuenciales, putrefacción partidaria o nuevos impuestos es solamente abordar la problemática superficialmente. Es menester cerrar los ojos a lo perceptible y comenzar a reflexionar en lo trascendente.

El filósofo austríaco Martin Buber, en su obra «¿Qué es el hombre?», propone que en nuestra modernidad hemos llegado a la madurez del problema antropológico tratado por primera vez como un problema filosófico independiente. Para él, somos espectadores de una crisis sociológica sin precedentes. Y no es únicamente una autopercepción del comportamiento social per se, sino que busca resumirse en tres grandes factores que tratan de explicar el porqué de esta crisis.

  1. La soledad del hombre

El ser humano que conocemos ha perdido el sentimiento de estar hospedado en el mundo. Se busca pertenecer a un grupo, una comunidad, afiliarse a un partido político o seguir de cerca un equipo de fútbol extranjero. Desesperadamente se mendiga identidad, tratando de llenar ese sentido de pertenencia del hombre.

Pero después de las actividades cotidianas nos volvemos conscientes de una realidad inminente: estamos vacíos. Buscamos compensar ese vacío por medio de cualquier artilugio superficial que distraiga nuestra atención. Nos vemos forzados a buscar modelos que suplan nuestro vacío mental. Eso nos lleva a una primera verdad inminente: un país conquistado ideológicamente no necesita ser conquistado físicamente.

  1. Maximización de la producción

De un siglo hacia acá hemos presenciado lo que muy probablemente sea el boom productivo más grande de la historia. Se debe principalmente al ánimo de suministrar al número creciente de hombres aquello que necesitan. Sin embargo, ese aumento desproporcionado en la  producción jamás se tradujo en una genuina distribución de la riqueza. Es por ello que identificamos un fenómeno muy curioso: sin excepción, en los alrededores de cualquier centro comercial de prestigio, donde recurren personas por montones, siempre se observa una humilde comunidad marginal. Se vuelve incluso gracioso ver cómo justo frente a la majestuosidad arquitectónica de los centros comerciales actuales se levantan pequeñas casitas forradas de láminas, con suelo de tierra, paredes manchadas y una antena de cable en el techo.

Resulta increíble ver cómo un ser estructuralmente social puede llegar a ser tan egoísta por naturaleza. Afirmamos entonces que el capitalismo como lo conocemos produce residenciales pero también comunidades. Que el desarrollo tal y como lo concebimos en El Salvador, es deshumanizante, alienante. Desigual. Por tanto, no hace sino agudizar las brechas que hunden en el subdesarrollo a los sectores desfavorecidos generando pobreza, desempleo, hambre y delincuencia.

III. El rezago del hombre ante sus obras

La más grave de todas. En la era del conocimiento técnico llegamos al punto en que todo aquello ideado para facilitar la vida del hombre ha terminado por esclavizarlo.

La tecnología como una herramienta de extensión del brazo del hombre terminó por suplantarlo en sus labores cotidianas, así, ahora, es incapaz de dominar el mundo que ha creado. El hombre ha quedado rezagado ante sus propias obras, mudo espectador de los modelos que él mismo creó y los vicios que su accionar originó.

Partiendo de una noción minimalista de la filosofía de Buber, hemos podido analizar esas causas. Es tentador hacer gala de pereza intelectual y juzgar la realidad con base en lo que se aprecia en los periódicos y noticiarios de televisión. Pero abrir la toma y reflexionar acerca de todos los problemas estructurales en el fondo que hacen que la punta del iceberg sea tan intimidante hoy en día, es una labor imprescindible si queremos liberarnos de sesgos políticos y emprender la búsqueda de la verdad por nosotros mismos. Las verdaderas conclusiones no nacen de esta columna, sino de la valoración de cada uno de ustedes.

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