Política

4 Sep 2015
Política | Por: Carlos Alejandro Morales

El precio del fanatismo político

 

Que cada salvadoreño haga un esfuerzo por hacer a un lado su preferencia política y asumamos la capacidad de felicitar las buenas acciones de los actores sin importar la afinidad política.

 Hace poco leí en redes sociales el eslogan que decía: “No más rencillas partidarias”. A primera vista me gustó, pues me pareció que era el tipo de posturas o propuestas que desde hace mucho es necesaria en nuestro país. Debiéramos tomar conciencia de que las actitudes robóticas de defender determinados colores partidarios haciendo a un lado la objetividad, no nos generan ninguna ganancia. Por el contrario, nos desgasta, nos polariza, y todos estaremos de acuerdo en que si no hay unidad no nos fortalecemos como país.

Alejarnos de posturas antagónicas en función de defensa de colores políticos representa una  oportunidad para unirnos como salvadoreños y así poder enfrentar con fortaleza los problemas de país que a todos nos afectan por igual, es decir, la corrupción, la delincuencia, la ausencia de desarrollo económico, entre otros.

Tristemente, la alegría de aquel eslogan no me duró mucho, pues cuando seguí leyendo la publicación y el primer comentario decía: “Allí estaremos, presentes por la Patria”. Y los siguientes comentarios no eran muy diferentes al primero, lo cual me permitía entender que seguimos estando lejos de la posibilidad de una verdadera unidad de los salvadoreños alrededor de los problemas que nos aquejan como país. Una vez más estamos en presencia del escenario en que mis expresiones dicen una cosa, pero mis actitudes dicen lo contrario, lo cual es una repetición de lo que sucede con la democracia, en el sentido que casi todo mundo (especialmente políticos) dice apoyar la democracia, pero casi nadie muestra actitudes democráticas; y así entonces nos encontramos que la democracia, la tolerancia, la unidad, etc., son conceptos que usamos como bandera para vendernos bien respecto de determinado público, pero no creo, ni mucho menos vivo, el significado de dichos conceptos.

Si en nuestro país existieran más personas conscientes del significado de la democracia, de la tolerancia, de la solidaridad, de los derechos de los ciudadanos y de las obligaciones de los políticos y funcionarios públicos en toda democracia,  mostraríamos abundantemente una actitud de indignación frente a muchos casos de gestión pública indebida; y definitivamente serían menos la cantidad de fanáticos de partidos políticos, lo cual se traduciría en perspectivas de mejora de nuestro país. Si bien es cierto que todos somos libres de tener nuestra preferencia ideológica partidaria, eso no debiera ser la causa para perder la objetividad respecto al desempeño que muestran los políticos y los funcionarios públicos. Como dicen, “amor no debe quitar conocimiento”, lo cual representa las actitudes que los salvadoreños debemos mostrar para que unidos realmente podamos sacar a El Salvador, de la crisis en que nos encontramos en sus diversas áreas. De lo que se trata es que cada salvadoreño haga un esfuerzo por hacer a un lado su preferencia política y asumamos la capacidad de felicitar las buenas acciones de los actores sin importar la afinidad política; y de señalar y cuestionar los abusos y actos de corrupción sin importar el partido al que pertenezcan.

Cuando adquiramos objetividad, no iniciaremos ningún análisis y evaluación del comportamiento de un líder político o funcionario público, con la verificación del partido político al que pertenece o es afine, es decir, que vengan de donde vengan las conductas indebidas o ilegales, debemos reportarlas, cuestionarlas y apoyar las gestiones para que sea sancionado en la medida que existan los elementos de prueba que le vinculen a la ilegalidad. Porque a todos nos afecta la corrupción, venga de donde venga.

Posiblemente sea más fácil encontrar culpables que soluciones, pero vivir solo viendo la paja en el ojo ajeno o descalificando al que piensa diferente, jamás tendremos la posibilidad real de unirnos de la forma que algunos países ya lo están consiguiendo; y otros que ya han superado esas etapas y ahora tienen un mayor nivel de desarrollo económico y humano. No olvidemos que en la unión esta la fuerza y el poder está en el pueblo.

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