Política

5 Jul 2018
Política | Por: Juan Carlos Menjívar

El Maniqueísmo Político

El mundo de la política gira en torno del ciudadano, los medios y la innovación del mismo se mantienen ligados a la idea de este de la política. Sin embargo, algunas ideas se mantienen constantes en el tiempo, promovidas por los mismo resultados que tienen, y entre todas ellas ninguna es más vigente que el fomentar el bien y el mal.

Dividir un país entre camaradas y adversarios, amigos y enemigos, golondrinos y areneros, buenos y malos, ha sido y sigue siendo una práctica constante por parte de políticos, que ven en ella una forma fácil de generar lealtad y odio entre sus adeptos. Y es que, posicionar a tus seguidores como los héroes de la película y a tu contrincante como el villano a vencer, genera un sentimiento de orgullo en ellos digno de ser descrito

A esta práctica se le conoce como “Maniqueísmo Político” y el que lo origina es denominado maniqueísta, este es el encargado de incitar al odio y a la división; provocar y ejecutar actos violencia para defender sus ideales; no considera necesario “respetar las leyes, ni la Democracia, ni la Constitución, ni el Estado de Derecho. No le importa ningún límite, ni la verdad, ni el debido proceso, ni el derecho del pueblo de elegir libremente en elecciones. Simplemente quiere el poder, a cualquier costo.”  

El maniqueísmo funciona porque exhibe el problema de una forma simplificada, ignora los matices y suprime la complejidad del asunto. Algo que nos encanta, pues la pereza cognitiva y apatía social es condición de nuestra sociedad. Todo bajo la concepción de dividir a las personas, las ideas y las realidades en dos grandes grupos: los buenos y los malos, de forma irreductible.

El maniqueísta siempre considera que está en el lado bueno de la balanza y sus acciones son para defender lo correcto y justo, después de todo no puede haber falsedad, no puede haber error cuando uno milita en el partido del bien. Y son sus opositores los equivocados e interesados únicamente en hacer el mal. Son enemigos del pueblo.  

Estos dos grupos están en una lucha permanente. Los malos suelen tomar la forma de los “poderosos”, aquellos bendecidos por el sistema y con el único deseo de perjudicar a los buenos, quienes solo pueden defenderse como pueden. Desde esta perspectiva, el fin de la humanidad es conducirse a la derrota de los malos.

Pero, ¿por qué caemos en el maniqueísta? Más allá de nuestra falta de interés real en el país, lo habitual es tomar decisiones por razones emocionales, es decir, nos decantamos con aquella concepción del mundo que se acopla mejor a nuestras circunstancias.

En base a lo anterior, el trabajo del maniqueísta es sencillo “di lo quieren escuchar y no te comprometas con nada”, así la es más fácil conectar con todos aquellos que tienen una mala concepción con el sistema porque se sienten abandonados. Por lo cual, el maniqueísta alimenta la idea que todos aquellos que no están en mi misma posición son mis enemigos. Cuando el maniqueísmo se adopta como una manera de entender la vida social, el extremismo político nace.

No podemos vivir en una democracia pintada de blanco y negro, tenemos que aceptar todas las tonalidades del gris. El consenso político se basa justamente en el ancho campo de los grises.  Debemos aprender a reconocer las manchas negras que ensucian nuestro vestido blanco. Y al mismo tiempo, reconocer las motivaciones de nuestros oponentes.

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