Política

8 Ene 2013
Política | Por: Bruno Infantozzi

El ascenso de las Izquierdas y el neo Caudillismo de América Latina

Desde finales de los años 90, hemos sido testigos de un ascenso casi sistemático de las izquierdas en todo el escenario latinoamericano, incluyendo países generalmente muy conservadores. Sin embargo, pese al giro electoral a la izquierda de la región, no hay evidencia concreta que el electorado de América Latina se haya decantado hacia la izquierda de manera significativa. Podemos constatar que el 60% de los países de América Latina viven bajo gobiernos de izquierda o centro-izquierda. Según datos del Latinobarómetro, el promedio de auto-ubicación ideológica de la región en su conjunto se encuentra en el 5.4 de la escala (donde 0 es extrema izquierda, y 10 extrema derecha), es decir en el centro. No hay ningún país donde haya más del 34% (Uruguay) de votantes que se auto ubiquen en la izquierda. ¿Cómo podemos explicar entonces este ascenso de la izquierda, en países donde la mayoría de la población se ubica en el centro del espectro?

 

Estaría de más repetir que los partidos de izquierda eran y son organizativamente fuertes, disciplinados y con arraigos sociales sólidos en sindicatos y otras organizaciones sociales. Además, los años de estabilización democrática en la región fueron permitiendo la institucionalización de estos partidos (de a poco, el acceso al parlamento y a gobiernos municipales les permitió un aprendizaje constante, que se reflejó en la expansión de bases de apoyo). Las críticas constantes a las reformas de mercado –impulsadas por las derechas- de los años noventa, y las crisis económicas de finales de siglo catapultaron al electorado a votar no por programas de izquierda, sino por cambios de gobierno (voto de castigo). El leve crecimiento en las economías latinoamericanas del siglo XXI propició victorias oficialistas de diversos estilos entre 2004-2007: Bachelet, Uribe, Chávez, Lula, Kirchner, Correa, Calderón. Podríamos decir que la izquierda ha venido navegando a favor de la corriente de los ciclos económicos, mientras que las derechas luchan por reinventarse en un contexto muy diferente al que promulgaba el Consenso de Washington.

 

Junto a este reciente ascenso de las izquierdas, renace también uno de los fantasmas que más ha perseguido las tierras latinoamericanas: el (neo) caudillismo. Ante la volatilidad económica que golpea nuestros países, y la debilidad de los partidos políticos latinoamericanos (sobre todo de “derechas”), el escenario de la región ha transformado la demanda y la oferta del sistema político electoral (y más específicamente en los candidatos presidenciales). Éstos últimos son hoy (salvo contadas excepciones), la versión renovada de los antiguos caudillos. La única diferencia con ese caudillismo es que actualmente, ha desaparecido la idea de tomar el poder a través de las armas. Hoy se utilizan herramientas legales, y hasta democráticas para la consecución de un poder político sin límites. El ascenso de la izquierda a los poderes ejecutivos también nos ha traído presidentes en ejercicio que se las han arreglado para mantenerse en el poder, ex presidentes que han querido volver a la escena, o inclusive civiles recién convertidos que aspiran llegar al poder con escasa experiencia política. Aunque todos estos personajes pudiesen aportar aspectos positivos en las democracias, los casos reales y concretos de nuestros países demuestran polarizaciones, desconfianzas en el sistema, la erosión de instituciones vitales para la democracia, populismo, y aumento en el gasto social para obtener un gran apoyo de las masas y por tanto ser competitivos electoralmente.

 

Parece increíble que en una región donde hasta no hace mucho tiempo los presidentes no podían terminar sus mandatos, ahora vivamos presidencias alargadas “legalmente”. El gen del caudillismo ha evolucionado durante siglos, adaptándose a nuevas formas de organización para arremeter contra rivales e instituciones. Hoy, salvo algunas excepciones, ese gen está vinculado a las presidencias de izquierda en la región (no es que en la derecha no exista este fenómeno –Fujimori, Menem-, pero la lucha por reinventarse y atraer nuevamente a las masas, parece tenerlos bastante ocupados).

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